Teatro

Àlex Rigola regresa al Central con 'Un enemigo del pueblo'

  • Irene Escolar e Israel Elejalde protagonizan este viernes y sábado en el espacio de la Cartuja esta versión libre del clásico de Henrik Ibsen

Irene Escolar e Israel Elejalde, en una función de la obra. Irene Escolar e Israel Elejalde, en una función de la obra.

Irene Escolar e Israel Elejalde, en una función de la obra. / Vanessa Rábade

Àlex Rigola, viejo conocido del Teatro Central, regresa este fin de semana al teatro de la Cartuja con Un enemigo del pueblo, un montaje en el que realiza su particular versión de la obra clásica de Henrik Ibsen, uno de los dramaturgos de mayor influencia en la configuración de lo que hoy conocemos como teatro contemporáneo.

En dos funciones (viernes y sábado, ambas a las 21:00), y con un elenco compuesto por Israel Elejalde, Irene Escolar, Nao Albet, Óscar de la Fuente y Francisco Reyes, Rigola recupera ese viejo pero más que vigente libreto, en el que Ibsen quiso proponer un "gran discurso sobre el conflicto del individuo y la sociedad" mediante una historia que "denuncia la corrupción del poder y la manipulación de los medios de comunicación", explican los responsables de esta coproducción del director catalán y Teatro Pavón Kamikaze.

"¿Es la opinión de la mayoría el enemigo más peligroso de la razón y de la libertad?". Esa es, según Rigola, la pregunta clave que plantea Un enemigo del pueblo, y cuya respuesta, de existir sólo una, sigue siendo más que relevante en estos tiempos de incendiados y volátiles estados de opinión amplificados por las redes sociales y un estamento político cada vez más pendiente de satisfacer a sus audiencias que de alentar debates públicos dignos de tal nombre.

Esta cuestión, dramáticamente, se plantea a través de la historia del doctor Stockmann, que descubre que las aguas de un balneario –que resulta ser la principal o casi única atracción turística y motor de la economía de su población– están infectadas, por lo que es urgente y necesario su cierre para solucionar el problema y no poner en riesgo la salud de los habitantes y los turistas.

No hay obra sin conflicto, y en este caso estalla pronto: debido a las consecuencias económicas a corto plazo que esas obras acarrearían, no sólo nadie se muestra dispuesto a asumirlos, sino que además, aprovechando la ola de indignación vecinal, los poderes políticos y mediáticos harán todo lo posible por acallar las molestas palabras del doctor.

"¿Hasta qué punto somos libres? ¿A qué precio? ¿Nos autocensuramos? ¿Qué valor tiene nuestro voto? ¿Cuántas veces nos está permitido desviar la mirada ante una injusticia a cambio de no perder el trabajo o herir a una persona o perder una posición o arriesgar nuestro físico?", enumera Rigola. Lleno de aristas, el debate está servido este fin de semana en el Teatro Central.

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