Capilla Jerónimo de Carrión | Crítica Irregular paseo renacentista

La Capilla Jerónimo de Carrión en formación de trío. La Capilla Jerónimo de Carrión en formación de trío.

La Capilla Jerónimo de Carrión en formación de trío. / Actidea

La segoviana Capilla Jerónimo de Carrión se presentaba en Sevilla (si mi memoria y mi documentación no fallan era su debut en la ciudad) en una formación básica de trío para hacer un programa que lleva tiempo en su repertorio, un paseo por músicas europeas del Renacimiento, que combina las primeras ediciones impresas con los cancioneros de la época, incluyendo también un par de obras sacadas de un archivo catedralicio.

Aunque el formato de voz con acompañamiento debería ser normal en la época, debe tenerse en cuenta que hablamos siempre de música polifónica, por lo que las partes instrumentales no sirven simplemente un bajo a la cantante, sino que desarrollan voces de la misma importancia en la textura musical. Y ahí estuvo uno de los problemas del conjunto: faltó claridad en la articulación del laúd de Lázaro y un poco de más sonido en la viola de Saturno, siempre demasiado contenida, prudente quizás en exceso, aunque cuando le tocó disminuir, como en las piezas de Ortiz o en una canción de Dowland, lo hizo con buen gusto.

A Delia Agúndez le costó entrar en calor. Pese a su entrega expresiva desde el Tant que vivray de arranque, la línea de canto resultó mucho tiempo inestable y tuvo algún problema de sincronización con el acompañamiento (muy llamativo en la preciosa Zephiro spira, que resultó entrecortada, fallida). La cosa mejoró con Juan Vásquez y alcanzó su punto álgido con Dowland, el momento en que los medios interpretativos y la expresión encontraron (pese al viento y sus incordios) su mejor acomodo: especialmente lucida resultó la bella y profundamente melancólica Flow my tears, con papel destacado para la viola, en un juego casi de alternatim con la voz; en Come again, Agúndez se permitió además algo más de libertad y vuelo ornamental, con brillantes ascensos al agudo.

Recital intimista, recogido, vuelto hacia dentro, muy pegado a la letra de una música estupenda, pero que sonó de forma demasiado irregular.

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