Cultura

'GTA IV', la perfección del juego social

Acaba de aterrizar en nuestras vidas el juego del que más se hablará en los próximos meses. Se trata de la cuarta entrega de Grand Theft Auto, la saga que consolidó la gratificante posibilidad de delinquir a los mandos de una consola. Y está claro que Rockstar no se ha dormido a la sombra de la fama que le precede, porque las mejoras en el juego son abundantes, y de alto nivel. El cuidado espectacular en el detalle expresivo y la confluencia de elementos en cada acción son las novedades narrativas principales. Y no es una cuestión baladí, dado el cambio que proponen estas nuevas mecánicas con respecto a los anteriores títulos: lejos de construir el juego en torno al protagonista, retan a éste a ser capaz de adaptarse a sus condiciones.

Más pendiente por tanto del realismo narrativo que del gráfico, esta saga, famosa por la extrema libertad de movimientos que caracteriza las amorales aventuras en el mapa de San Andreas (el género bautizado como free roarning), incorpora como nuevo elemento el teléfono móvil, convirtiéndolo en la fórmula definitiva para ampliar esta libertad: gracias a él, nuestro protagonista podrá quedar en cualquier momento con quien lo desee, sin que deba limitarse a lo que dicten en cada momento las necesidades básicas de las distintas misiones. Pero dejando a un lado elementos técnicos, si hay algo destacable de Grand Theft Auto IV es su crítica social, amarga, implacable, a la realidad del sueño americano. Su protagonista, un inmigrante yugoslavo, llega a la tierra de las oportunidades escapando de un pasado turbulento, con la intención de ganarse la vida honradamente y echar raíces. Pero la realidad de la patria de George Washington es bien distinta de la que su primo prometía. De la misma forma que en El Padrino 2 de Coppola, nuestro personaje, avalado por sus habilidades militares, habrá de inmiscuirse en el mundo de la delincuencia, el único que le permitirá subsistir en la trastienda de la resplandeciente imagen de los EEUU de cara al mundo. El modo multijugador y una variedad dislocante en las acciones nos obligan a bendecir este juego con un flamante diez, y con la satisfacción de saludar a la que, hoy por hoy, es ya la saga consolera de la década.

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