Diario de Sevilla Mantenemos la cita diaria en los quioscos como actividad esencial decretada por el Gobierno en la crisis del coronavirus

Flamenco

María Pagés (se) promete una nueva vida tras la pandemia: "Quiero ser una vieja feliz"

  • No se va a "retirar", dice la artista sevillana, pero sí hará las cosas a "otro ritmo" y con "más produnfidad"

  • Vive con ilusión el centro coreográfico que ha abierto en Fuenlabrada en colaboración con su Ayuntamiento

La bailaora y coreógrafa sevillana María Pagés. La bailaora y coreógrafa sevillana María Pagés.

La bailaora y coreógrafa sevillana María Pagés. / Juan Carlos Muñoz

"Esto no hay quien lo aguante", asegura María Pagés en una entrevista  sobre el ritmo profesional "non stop" que ha llevado hasta ahora. Por eso, cuando "el coronavirus haya terminado", parará para hacer las cosas en calma, sin que la presión la domine: "Quiero ser una vieja feliz", declara. "Son 30 años de compañía y esto llega a su fin. Empieza una transición porque yo de la manera en la que lo estaba haciendo no voy a seguir. No es que me retire de los escenarios pero sí quiero tener otro ritmo y hacer las cosas con profundidad", explica la coreógrafa y bailaora sevillana (1963) desde su casa en Madrid.

El "frenesí de giras abajo y arriba" en el que ha vivido hasta ahora, precisa, es necesario "si se quiere que una compañía sobreviva y eso exige muchísimo", pero está convencida de que "ha llegado el momento de plantearse las cosas de otra forma" y para ello cuenta con el Centro Coreográfico María Pagés que creó con el ayuntamiento de Fuenlabrada en la localidad madrileña. "Quiero que el escenario sea una extensión de la vida, un reflejo de mi vida, no otra cosa más. Esto no hay quien lo aguante y yo quiero ser una vieja feliz. Prolongar la vida en el escenario con este ritmo frenético no tiene sentido y eso que estoy estupenda porque he sabido dosificarme", se ríe.

Llevar una compañía, dice, requiere "una gran dosis de generosidad, estar más atenta a los demás que a uno mismo" y en su "nueva vida" quiere entrar en otra dimensión, en aportar más que en el virtuosismo. La danza, apostilla, es "la periferia de la periferia" y ambiciona que su centro ponga "en conexión" todas las disciplinas que la rodean: la música, la luz, el sonido, la escenografía o el vestuario, además de la gestión, es decir, "el trabajo en común que es el que hace posible que luego se pueda levantar el telón".

Una vida como la suya "da para mucho" porque su primer escenario fue con 5 años y se acuerda, por ejemplo, de que con 14 le hicieron entrar por la puerta de servicio en la casa de los Duques de Osuna porque "por ahí" entraban los "suyos". "Me duele en el alma eso de los flamenquitos. Creo que puedo hacer algo, alzar la voz y hacer que cambien las cosas porque aunque ya haya cambiado todavía no se ve al flamenco como el gran arte que es", sostiene.

Por eso iniciativas como el Flamenco Festival de Nueva York, que ella vivió en su primera edición hace 20 años y al que iba a volver la semana próxima, son "únicas" porque han conseguido "lo que nadie hasta ahora a base de esfuerzo y pedagogía. Es una responsabilidad de todos que se recupere después de esto". Pagés iba a bailar allí dos piezas, Oda al tiempo y Yo, Carmen, una versión del clásico que no tiene nada que ver "con el estereotipo" porque es "la expresión de un compromiso feminista, que da la voz a la mujer real". "Nos apetecía mucho hablar del tiempo, de que después de cada primavera llega otra, de este momento que vivimos", explica la artista, de la que el Nobel José Saramago decía "ni el aire ni la tierra son iguales después de que María haya bailado".

"He vivido una evolución que me ha marcado mucho. Siempre he tenido un compromiso por la dignificación de nuestra profesión. Eso lo tengo a piel pero hasta que no me he hecho mayor no lo he sabido interpretar", confiesa. Está muy ilusionada con su Centro Coreográfico y a él quiere dedicarle, junto con su pareja, el coreógrafo El Arbi El Harti, la mayor parte de sus energías. "Necesitábamos un lugar, un espacio pero te das cuenta de que puede crecer más el camino abierto. Hay mucho que hacer y ahora mismo el centro supone disfrutar de un punto de creación privilegiado en el que se puede promover la reflexión y la creación cultural de una forma que hasta ahora no he podido hacer", añade.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios