Solistas de la ROSS | Crítica Envolvente atmósfera francesa

Morelló, Iolkicheva y Nikolov en el Espacio Turina. Morelló, Iolkicheva y Nikolov en el Espacio Turina.

Morelló, Iolkicheva y Nikolov en el Espacio Turina. / Guillermo Mendo

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De las tres sonatas que Debussy pudo terminar de su proyecto original de seis, la segunda, la escrita para flauta, viola y arpa es posiblemente la más inconfundiblemente debussysta y francesa. Por color, por carácter, porque crea esa atmósfera entre misteriosa y líquida tan asociada con el compositor y la música de su país a principios del siglo XX. Los tres solistas de la ROSS que la afrontaron esta mañana de domingo lograron un equilibrio admirable, una cálida fusión tímbrica y una expresión de plena beatitud, lírica, limpia, más directa que sugerida, luminosa y vital antes que nocturna, evanescente y ambigua. Es desde luego una visión posible, acaso no la más habitual.

La magistral obra de Debussy cerraba un programa que estaba completamente marcado por ella. Es en realidad prácticamente imposible convocar a estos tres instrumentos para un recital sin que sobre lo que se toque gravite el peso de esta obra cenital del camerismo del siglo XX. La breve e insustancial Petite Suite de Honegger abrió la matinal como en sordina: sonido plano y mortecino (sorda la flauta de Morelló). Casi un calentamiento.

En cambio, el Trío elegíaco de Arnold Bax que siguió, una pieza que huele a la vez a Francia y a Irlanda, por los toques impresionistas y folclóricos, sonó envolvente y lleno de matices, con un tono pastel general enriquecido por la profundidad que logró transmitir el arpa de Iolkicheva, magnífica durante toda la sesión. Su sonido elegante y lleno de sutilezas dinámicas condujo la interpretación de un arreglo de El rincón de los niños de Debussy, atmosférico y leve, con números más idiomáticos que otros, lo que hace añorar el original pianístico. Fue esa profundidad de foco marcada desde el arpa la que dio variedad a las Pastorales de Noël de Jolivet (el original es con fagot en vez de viola), especialmente inspirada la tercera de ellas, la dedicada a la virgen y el niño, con la flauta mandando sobre una línea melódica de tierna y emotiva simplicidad.

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