Ottava Rima. Ministriles Hispalensis. Mencoboni | Crítica

Bajada de tensión

Parte de los participantes en el concierto de clausura del Femás.

Parte de los participantes en el concierto de clausura del Femás. / Francisco Roldán

Hay proyectos que suenan mejor en el oído interno que en el externo, sobre el papel que en su ejecución. Esta idea de juntar a un reconocido director italiano con voces sevillanas que se mueven sobe todo en coros de aficionados para homenajear al gran Josquin (en el quinto centenario de su muerte, efeméride que está pasando lamentablemente desapercibida) no sonaba del todo mal, aunque quizás habría estado mejor programarla dentro de las actividades complementarias del certamen.

Por su parte, a Marco Mencoboni la posibilidad de colocar a los miembros de Ottava Rima (13 cantantes), a los de Ministriles Hispalensis (corneta, tres scabuches y bajón) y a un conjunto de cuatro violas da gamba con órgano en la galería alta del Patio de Santa Clara debió de parecerle atractiva, el espacio es tan hermoso. Vistos los resultados las dos ideas eran tristemente erróneas, sobre todo si se tiene en cuenta que este era el concierto de clausura del Femás, y que además se transmitía vía streaming para el mundo.

Con el director en la parte baja del patio y los músicos desperdigados por la galería en una línea recta interminable (cuando no, ocupando las tres caras disponibles de la galería) el empaste –se adivinaba ya antes de empezar el concierto– iba a ser muy difícil de conseguir. Fue prácticamente nulo. Pero es que este proyecto pedía a gritos las bóvedas de una iglesia. Experimentados en mil inventos y acostumbrados a espacios inverosímiles, creo que los miembros de Ottava Rima no se han visto en otra. Su incomodidad era evidente. Sus voces sonaron dispersas, sin cohesión alguna, faltas del menor vigor y esmalte, encontrándose entre ellas ocasionalmente. 

Ni Josquin (diamantino en su claridad) pudo soportar esa disposición del grupo, esa falta de calidez en la mezcla de todo el conjunto, esa especie de suma de partes desangeladas, náufragas, con vientos y violas doblando lo que pudieron, para otorgar puntualmente algo de relieve musical a alguna línea aislada. El resultado fue una trama oscura, opaca, impenetrable. Peor les fue incluso a los polifonistas españoles, cuya música tiene unas texturas más intrincadas: los desajustes en Morales podrían llenar libros de coro.

A todo ello cabe sumar una concepción de la música decepcionante. Mencoboni empleó unos tempi de lentitud por momentos insostenible (un Kyrie sin energía, que se caía de puro lánguido, un Sanctus por completo anémico, con las secciones a dos voces en afinación francamente aproximativa). Fue una bajada de tensión en toda regla, el desatinado cierre del que ha sido un gran Festival.

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