Mrs. Dalloway | Crítica de teatro

Problemas en el paraíso

La 'fiesta' de la señora Dalloway La 'fiesta' de la señora Dalloway

La 'fiesta' de la señora Dalloway / sergio parra

La expectación creada, localidades agotadas desde hace tiempo, ante la unión de una de las mejores actrices del momento, Blanca Portillo, con la directora Carme Portaceli y la novela Mrs. Dalloway de Virginia Wolf, quedó ayer disipada ante un espectáculo que parecía sin rumbo en las tablas del Teatro Central.

Por separado, todos sus ingredientes son incuestionables, la interpretación es inmaculada, el escenario, grandioso, con bellísimos aciertos como las cortinas y ese hermoso techo de rosas, pero lo que, precisamente , consigue la novela de Wolf, ‘fluir’, no se traslada a la versión teatral.

Mrs. Dalloway, la novela, es un ejercicio de estilo. Un monólogo interior de una mujer de la alta sociedad inglesa que, mientras prepara una fiesta, repasa toda su vida. Paralelamente, el soldado Septimus vive su autodestrucción condenado por una enfermedad mental. Los autores de esta versión teatral han transformado a este personaje en la escritora Angélica, (alter ego de la propia Virginia Wolf) provocando un interesante debate sobre el suicidio.

Blanca Portillo y sus compañeros ofrecen una lección de interpretación

Sin embargo, las licencias tomadas en la adaptación, móviles en escena, música en directo, lesbianismo aceptado y la espectacularidad en el planteamiento no consiguen que nos sintamos identificados con lo que nos cuentan. Con todo, gran parte del público disfrutó emocionado.

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