ROSS CÁMARA | CRÍTICA El tiempo detenido en el sonido

Pavaci, Postnikova, Nancu y Szymyslik. Pavaci, Postnikova, Nancu y Szymyslik.

Pavaci, Postnikova, Nancu y Szymyslik. / Guillermo Mendo

Una de las tareas pendientes que debéra afrontar con urgencia el gerente que la ROSS aún no tiene y el director artístico que suceda a Axelrod (esperemos que sea antes de que acabe la temporada) es el de armonizar temporalmente el calendario de actuaciones de la orquesta. Porque no es de recibo que hasta finales de octubre no hayan dado inicio la temporada de abono y la de música de cámara debido, suponemos, a la hipoteca que supone la participación del conjunto orquestal en las óperas del Maestranza. Con estos largos parones resulta difícil fidelizar y mucho menos recuperar al público necesario para mantener el proyecto orquestal sevillano.

Al menos el ciclo de cámara comenzó elevando el listón artístico a un muy alto nivel con un programa de los que dejan huella en la memoria a una sala práctica y felizmente casi llena.

El Trío elegiaco de Rajmaninov arrancó con unos muy matizados y bien regulados trémolos de las cuerdas, para continuar con un intensamente expresado primer tema por parte del piano y retomado con un sonido profundo y carnoso por el violonchelo. Todo el desarrollo y la elaborada reexposición recibieron una interpretación cargada de intensidad en el fraseo.

Difícil no conmoverse ante el perfil inmaterial y atemporal del Cuarteto para el fin de los tiempos. Los cuatro intérpretes se adentraron en la pieza con verdadera unción casi litúrgica, recreándose en unas sonoridades cristalinas y luminosas, ricas en colorido y con momentos memorables del chelo y del clarinete.

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