Sinfónica de Sevilla | Crítica

El barroco, excusa y espejo

Xu Zhong tocando y dirigiendo el Concierto 'Jeunehomme' de Mozart. Xu Zhong tocando y dirigiendo el Concierto 'Jeunehomme' de Mozart.

Xu Zhong tocando y dirigiendo el Concierto 'Jeunehomme' de Mozart. / Guillermo Mendo

A veces pasa con los programas temáticos. Si tienes a Molière entre manos, cómo eludir la música original de Lully para El burgués gentilhombre. Pasa que ni por sonoridad ni por estilo la ROSS supo filtrar la imagen del intrigante florentino, y el divertissement cortesano del siglo XVII se convirtió en un espeso remedo cerrado con una Marcha de los Turcos que parecía que a Monsieur Jourdain le tocaba ir de entierro.

Al pianista y director chino Xu Zhong no pareció afectarle el desatino barroco y afrontó el Concierto nº9 de Mozart desde la claridad y la cantabilidad de un acompañamiento rococó que entretejió sobre sus maneras de pianista más romántico que clásico, como demostró en un Andantino central dramático y tenso y en el efusivo Intermezzo de Brahms de la propina.

Pero lo mejor estaba por llegar. La suite de El burgués gentilhombre de Strauss necesita una batuta de verdad que calibre y dé sentido a ese dinamismo implacable de la música, a esos continuos cambios texturales, a ese tapiz más camerístico que sinfónico con el que el maestro bávaro se miró en el espejo del París barroco, con un finísimo sentido del humor alejado de la parodia, con una sabiduría deslumbrante en el manejo de los timbres orquestales. Y Xu supo darle a Strauss su respiración y su ritmo, equilibrando y matizando los planos, cambiando con lógica implacable los pesos, preservando siempre la claridad y flexibilizando las líneas con gracia, elegancia y eficacia. También ayudó que los solistas de la ROSS estuvieron (todos) a la altura del desafío. Hito de la temporada.

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