Festival de Itálica Rubén Olmo humaniza al Minotauro

  • El nuevo director del Ballet Nacional de España rinde homenaje al desaparecido Salvador Távora con el espectáculo que inaugura esta noche una nueva edición del Festival de Itálica

Rubén Olmo y la diputada Rocío Sutil entre los codirectores del Festival, Javier León y Pedro Chicharro Rubén Olmo y la diputada Rocío Sutil entre los codirectores del Festival, Javier León y Pedro Chicharro

Rubén Olmo y la diputada Rocío Sutil entre los codirectores del Festival, Javier León y Pedro Chicharro / Antonio Pizarro

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Como cada año impar, en alternancia con la Bienal de Flamenco, el Festival Internacional de Itálica viene a llenar de danza sus dos singulares escenarios –el monumental Teatro Romano que le presta su nombre y el Monasterio de San Isidoro del Campo–, al que este año se unen algunas propuestas callejeras en el Paseo Cristina y la Casa de la Provincia.

Consagrado principalmente a la danza contemporánea, el Festival viene dedicando cada vez más atención a la creación andaluza y al flamenco, como demuestra el espectáculo que inaugura esta misma noche la programación del Teatro Romano, situado en la localidad sevillana de Santiponce. Uno de los cuatro estrenos absolutos y de las tres producciones que componen este año su programación.La muerte de un Minotauro es el último trabajo del bailarín y coreógrafo sevillano Rubén Olmo y, al mismo tiempo, un merecido homenaje al recientemente fallecido Salvador Távora, figura capital del teatro español.

“Yo he vivido, como él, en el Cerro del Águila y lo he admirado desde niño, por eso quería dedicarle este trabajo, inspirado directamente en su obra Picasso Andaluz o la muerte del Minotauro. Pero quiero dejar claro que no he pretendido copiar para nada su estilo ni su lenguaje. Me encanta su imaginario, su manera sensual de mover a las mujeres por el escenario, su musa de un tiempo (Manuela Vargas)... Y confío en que se vea su esencia en el escenario, pero este es un trabajo completamente mío”, decía ayer Olmo en la Diputación de Sevilla, promotora del Festival desde hace ya tres décadas.

Sin pretenderlo, ya que todos desearían rentabilizar al máximo las producciones, La muerte de un Minotauro se ha convertido, amén de en una gran gala de inauguración del Festival, en la despedida de Rubén Olmo de la ciudad de Sevilla. Su reciente nombramiento como director del Ballet Nacional de España, que le obliga a incorporarse a primeros de julio para las audiciones que conformarán el nuevo elenco de la compañía, hacen que no pueda girar con este espectáculo ni tampoco con el anterior, Horas contigo, que obtuvo el Premio de la Crítica en el pasado Festival de Jerez y que verá su última función en Rusia el próximo mes de noviembre.

Además de la simbología tavoriana, el sevillano ha tomado una parte de la historia mitológica que habla del sacrificio humano exigido a Atenas por el rey Minos y del papel desempeñado por su hija Ariadna y por el joven griego Teseo.

Según el coreógrafo, que ha contado con la colaboración de Pilar Távora, el espectáculo ha quedado estructurado en nueve escenas, en cada una de las cuales se cuentan las últimas 24 horas de ocho de las víctimas del laberinto y del Minotauro. Un ser, mitad hombre mitad toro, que su intérprete y creador ha intentado humanizar.

El Minotauro que yo interpreto no es el monstruo devorador de doncellas. Es un personaje diferente que la sociedad no acepta y por eso lo encierra para que nadie lo vea, pero no se come a ninguna de las víctimas que se pierden en el laberinto”, explica el sevillano.

Esas víctimas sacrificiales, aquí todas mujeres, están interpretadas por ocho bailaoras muy diferentes; ocho solistas (Alejandra Gudí, Ana Latorre, Carmen Yanes, Irene Correa, Irene Lozano, Laura Santamaría, María Jurado y Paula Salazar) seleccionadas por el mismo Olmo mediante una audición.

Completan el elenco, junto a éstas y al singular Minotauro, la bailarina de clásico Diana Noriega, que interpreta el papel de Ariadna y el bailaor Eduardo Leal, que asume el personaje del joven Teseo y, además, se ha hecho cargo del diseño de vestuario.

En cuanto a la música, participan en el espectáculo la Orquesta Bética de Andalucía bajo la dirección de Manuel Busto, el coro de Cámara de Voces Blancas Lux Aeterna de Los Palacios y algunos miembros de la banda de cornetas y tambores del Santísimo Cristo de las Tres Caídas. Con ellos, el piano de Alejandro Cruz y, en su parte más flamenca, las composiciones y percusiones de Agustín Diassera y David Rodríguez "Chupete" y Pau Vallet, primera guitarra del Ballet Flamenco de Andalucía, que sustituirá al anunciado Dani de Morón.

Rubén Olmo (1980) llega a la dirección del Ballet Nacional de España con menos de cuarenta años y con una trayectoria realmente ejemplar. En 2012, con apenas 32 años, asumía ya la dirección de la Compañía Andaluza de Danza, a partir de entonces llamada Ballet Flamenco de Andalucía, con su proyecto Metáfora y en 2015 obtenía el Premio Nacional de Danza. Entre los numerosos éxitos logrados con su propia compañía destaca Tranquilo alboroto, un trabajo que fue merecedor del Giraldillo a la Mejor Coreografía en la Bienal de Flamenco de 2010. La muerte de un Minotauro. Homenaje a Salvador Távora estará esta noche y mañana en el Teatro Romano a las 22:00.

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