Cultura

Sanz reivindica el 3D

  • El músico gaditano abrió en Córdoba su gira 'Paraíso Express'

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Gira 'Paraíso Express'. Fecha: sábado 1 de mayo. Lugar: Plaza de Toros. Más de 9.000 personas.

Tiene este gaditano esa diversidad de la campechanidad, la seducción y el glamour, y la alimenta hábilmente desde el escenario. Aunque luego soporte resignado esa losa del que busca algo distinto en cada canción y, al final, como en un sinsentido, parece transmitir en todas lo mismo. Alejandro suma almíbar sin miedo a engordar y sus fans se lo agradecen entre chillidos y jaleos que le recuerdan lo que hay, y que aunque quiera ser más rockero y meta punteos en sus temas, sus raíces son las que son y su público el que es. Pues bueno. Pues ya está. Sanz acata las normas, al menos en apariencia, y se somete exhibiendo una multidimensionalidad light que probablemente es clave en su éxito al acercarle a un público diverso al que a priori no resulta difícil contentar. Y triunfa, que no es poco.

La vida de Sanz ha sido intensa y sus huellas quedaron el sábado a la vista. Ha subido y bajado a bordo del ascensor sonoro y cotidiano a cielos e infiernos, ha recorrido limbos y purgado pecados, ha hecho milagros y librado guerras santas contra los infieles (la última aún vigente contra Chávez) y en ese ir y venir, en esa magia de las tres dimensiones (publico-privado-musical) donde resulta curioso verle parecer un cándido amigo adherido a la Capitalidad y saberle la bestia terrible a la que teme el poder venezolano. De esas dimensiones, en inevitable mescolanza, quedó constancia a través de las canciones, que son jirones y recortes de su vida, que todo lo impregnan y son al fin de cuentas espejo del alma del que las compone. Las hubo recientes y otras rescatadas, que completaron casi dos horas y cuarto de una noche con tres tandas de bises que incluyeron momentazo a solas con el piano de cola.

El sonido comenzó siendo turbio. Los graves galoparon varias canciones desbocados y hostiles. Luego todo pareció calmarse para acabar emergiendo una amplificación natural y homogénea de la que a ratos siguió emanando demasiada batería y bajo, en detrimento de las guitarras, sobre todo de las rítmicas. La voz de Sanz, limitada por naturaleza, inmersa en esa cafetera express a pleno rendimiento, tuvo la presencia esperada, la fortuna deseada y la calidad que su condición y peculiaridad le permite, preñándose de sus habituales guiños, sus acentos y dejes. La banda fue discreta, sin alardes ni protagonismos, sin estrellas más allá de la efectividad de un acompañamiento que sólo resultó caricaturesco cuando quisieron pisar el acelerador del rock, ambiente que, aunque abiertamente deseado por el artista, queda poco natural en el repertorio de Sanz.

Pero el éxito había comenzado hacía horas. A más de uno habría que recordar que un concierto redondo no sólo son gritos, desmayos y coreos de canciones. El éxito comienza mucho antes, cuando miles de personas se ponen en una larga cola para entrar. Empieza a haber buen rollo si las puertas se abren a su hora, las colas avanzan rápido, las barras funcionan y el artista aparece puntual. Cuantos menos nervios, mejor. Con esas premisas cumplidas con nota por una producción impecable, y el público ya en el bolsillo, Alejandro Sanz hizo de tarzán por entre un bosque de lianas leds y se presentó a Córdoba dispuesto a recuperar el tiempo perdido. Nada más embocar, la nueva democracia audiovisual, inconcebible hace años, se desparramó sobre el público. Como salidos de una piñata de cumpleaños, miles de teléfonos plasmaban nerviosos tal momento para las redes sociales, la posteridad o quién sabe para qué otro oscuro objeto.

Pero si algo llamó la atención esa noche fue la novedosa utilización de los leds. Recordemos que no hace tanto se iluminaba con rockets, focos de 1.000 vatios con filtros de colores que se acumulaban de 12 en 12 sobre las cabezas de los artistas. Luego se fueron imponiendo los robots móviles. Ahora los reyes son los leds: pequeños puntos de luz ecológicos que tienen entre sus ventajas un encendido instantáneo e infinitas posibilidades en su combinatoria y uso. Con Sanz han sido repartidos por todo el escenario, no sólo en trasera y laterales, y así se crean efectos y proyecciones con profundidad y relieve, con sensación de tres dimensiones. Gracias a eso, de forma realista, cayó lluvia, cruzaron el escenario cientos de estrellas fugaces, hubo fuegos de artificio y una larga demostración técnica que envolvió la actuación, haciéndola sugerente y sorprendente. Fue una puesta en escena que se sumó al éxito de la noche a la altura de una trayectoria como la de Sanz, que en tiempos hostiles y tiesos había llenado la plaza, aunque fuera una plaza más pequeña que de costumbre por las descomunales dimensiones del escenario y la merma que supone la paradisíaca zona que se reserva a los pies mismo del cantante a los que pagan propina. El artista cumplió con el guión y con la necesaria capacidad de convocatoria, nunca más deseada y prófuga que en estos tiempos en los que pocos venden discos y menos llenan conciertos.

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