Coro de la Sociedad Musical de Sevilla | Crítica Navidades renacentistas

El Coro de la Sociedad Musical de Sevilla en la iglesia del Santo Ángel El Coro de la Sociedad Musical de Sevilla en la iglesia del Santo Ángel

El Coro de la Sociedad Musical de Sevilla en la iglesia del Santo Ángel / SMS

El bajo belga (español por matrimonio) Bart Vandewege fue esta vez el encargado de dirigir al Coro de la Sociedad Musical de Sevilla en su último proyecto, un programa navideño centrado en el siglo XVI, pero que compaginaba piezas de carácter muy diferente: de las villanescas de Guerrero, una negrilla anónima o un villancico de Flecha a los motetes de Victoria y el propio Guerrero e incluso una pieza a doble coro del portugués Duarte Lóbo; texturas variadas, polifonía pura frente a homofonía, latín junto (y frente) al castellano e incluso una pieza en lengua náhuatl.

Vandewege situó a los bajos en el centro, con las contraltos, buscando consistencia y equilibrio en un repertorio que hoy han hecho suyo los grupos de solistas. No pudo salvar las irregularidades normales en un coro aficionado de 36 voces: calidades disímiles, tipos de emisión y vibrato no siempre unificados, algunos desfases en las entradas... Pero consiguió una más que aceptable claridad, controló algunos excesos de las voces femeninas y, aunque no trabajó en profundidad las dinámicas, sí acertó a transmitir el carácter expresivo de cada pieza. Curiosamente, dio al O magnum mysterium de Victoria un singular toque tenebrista, mientras que el Pastores loquebantur de Guerrero quedó algo desequilibrado por los agudos (pese a las bajos divididos). Fue en piezas como esta, de texturas muy complejas, en las que el conjunto encontró más dificultades. Pero disfrutó e hizo disfrutar con las homofónicas y más cercanas al estro popular, delineando con gran dulzura ese A los matines era anónimo que sirvió de propina.

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