Vandalia Trío | Crítica Lúdica confusión de estilos

Vandalia Trío en el Alcázar. Vandalia Trío en el Alcázar.

Vandalia Trío en el Alcázar. / Actidea

Vandalia Trío empieza tocando con atriles y partituras un movimiento de una Sonata en trío de Emanuel Bach, no sé si para demostrar que pueden hacerlo. Y lo hacen con corrección, pese a un violín que comenzó estridente y a cierto encorsetamiento de las armonías en el bajo. Luego retiran los atriles y empieza el show.

Bien está que los jóvenes tomen iniciativas, se arriesguen, emprendan con decisión sus proyectos y busquen su espacio propio en un entorno tan difícil. Los de Vandalia Trío mostraron ser buenos instrumentistas (no en vano han pasado por los mejores conjuntos de jóvenes del país y han tocado en orquestas profesionales) y tener claras sus ideas. Tocan con energía y vitalidad, mezclando sus composiciones propias con algunas referencias a los clásicos, que arreglan mezclando ritmos de jazz, rock, caribeños y aflamencados en una mirada que resulta ser indisimuladamente pop.

Lo diré claramernte: Vandalia Trío hace, sin complejos ni disimulos, música de baile, y bien está. Si algo unifica la producción musical del mundo a través de los siglos es su estrecha relación con la danza. A los tres chicos de Vandalia les gusta juguetear con el sonido y eso es estupendo (¿hace falta releer a Huizinga?), pero sólo como punto de partida para construir un mundo propio, personal. Ya el inicio, con unas Czardas de Monti que podrían haber sonado en cualquier casino o cotillón del mundo, lo dejó claro, y lo remató el final, cuando convirtieron la melancólica Oblivion de Piazzolla en una alegre fiesta de confeti en la que se invita al público a dar palmas.

Son buenos músicos de formación clásica, que demuestran usando técnicas extendidas y empleando recursos de electrónica en vivo, pero parecen hacerlo más por los efectos llamativos que con ellos consiguen que por la organicidad de su música, más por epatar, por deslumbrar al espectador que por profundizar en el estilo de su trabajo creativo (que, por otro lado, tampoco es demasiado original). En su derecho están. A mí no me gusta, pero eso es sólo una cuestión de gusto, de mi gusto, una anécdota.

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