doña rosita, anotada | Crítica de teatro

Versiona, que algo queda

Manuela Paso, Francesco Carril y Fernanda Orazi en escena Manuela Paso, Francesco Carril y Fernanda Orazi en escena

Manuela Paso, Francesco Carril y Fernanda Orazi en escena / vanessa rabade

’Un soneto me manda hacer Violante, que en mi vida me he visto en tanto aprieto’. Una versión de Doña Rosita le pidió Teatros del Canal a Pablo Remón. Hasta esta adaptación, el autor solo había representado sus propias creaciones. A tenor de lo que vimos anoche en el Teatro Central, ha seguido fiel a este principio.Remón se desdobla en su intérprete Francesco Carril que, derrochando simpatía, escenifica las dudas que tuvo el autor para aceptar el encargo. Fue la convicción de que la obra de Lorca nos habla del ‘tiempo’ lo que le llevó a aceptar el reto.

Con una banda sonora entre los que resaltan los temas en portugués que ayudan a empatizar desde un principio y la escenografía de Mónica Boromello que no por simple resulta menos efectista y sorprendente Pablo Remón, al que admiro su destreza en el limpio trazo con el que plantea la trama, se sirve de la obra de Lorca para introducir una vía de metateatro con la que juega toda la obra entrando y saliendo de ella consiguiendo la complicidad del público.

Con un arranque, muy didáctico, en el que domina la comedia, Remón abandona muy pronto a la Rosita lorquiana para trasladarnos a los años 80 e introducirnos en la casa de sus tías solteronas y el recuerdo de aquellas. El tiempo, las flores y la añoranza del amor soñado le llevan a un pretendido empoderamiento de la protagonista que se agradece. Pero la intensidad de su primera media hora se ha ido diluyendo. Hay destellos de teatro puro pero Remón afloja y convierte su propuesta en un homenaje a su madre y a su familia.

Fernanda Orazi, Francesco Carril y Manuela Pazo son sencillamente maravillosos.

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