LA FIGUETA | CRÍTICA Cuerdas pulsadas bajo la Luna

Raquel Sanz, Consuelo Navas y Luz Martínez, La Figueta Raquel Sanz, Consuelo Navas y Luz Martínez, La Figueta

Raquel Sanz, Consuelo Navas y Luz Martínez, La Figueta / ACTIDEA

El ciclo de conciertos veraniegos del Alcázar, por su idiosincrasia y la del propio público, es terreno abonado para que los músicos puedan relajarse de los formalismos de las salas de conciertos y puedan experimentar con arreglos y adaptaciones musicales. No hay más que echar un vistazo a la programación para ver cómo aquí se pueden los intérpretes tomar libertades que en otros espacios harían torcer el gesto a más de uno.

Es el caso, por ejemplo de La Figueta, este trío de cuerdas pulsadas renacentistas y barrocas que anoche se dieron el gusto de traer la música de Antonio Vivaldi a su terreno tímbrico y organológico mediante arreglos de dos sonatas trío y de dos conciertos, haciendo que violines o mandolinas fuesen sustituídos por las sonoridades de los laúdes, la guitarra barroca o la tiorba.

Salvo en el caso del primer tiempo del RV 93, en el que mucha música del ripieno se quedó fuera, los arreglos funcionaron apropiadamente. Esencialmente construídos sobre la base de la voz solista de Luz Martínez y los acompañamientos complementarios de Consuelo Navas y Raquel Sanz, permitieron disfrutar de los timbres de cada instrumento con claridad. Martínez tocó con agilidad y precisión sus nada fáciles partes solistas, mientras que Navas mostró su conocida solvencia en la tiorba, mucho más aún cuando abordó las piezas de Kapsberger con versiones brillantes y profundas a la vez, remachando los hipnóticos ostinati. Y como cierre el bello diálogo entre Martínez y Sanz.

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