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Will Smith: "Cuando Obama ganó, lloré tanto que mi hija pensó que pasaba algo"

  • El actor más taquillero de Hollywood presenta en Madrid 'Siete almas', un drama "difícil y complejo" sobre la redención.

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"Cuando Obama ganó, lloré tanto que mi hija pensó que pasaba algo malo". Es la confesión de Will Smith, el actor más taquillero del planeta que, durante su visita en Madrid para promocionar su última película, Siete almas, se mostró más que entusiasmado con la "explosión revolucionaria" que supondrá para todo el mundo la llegada la próxima semana del primer presidente negro a la Casa Blanca. Además, siempre con su tono bromista, Smith aseguró que el secreto de su éxito es el mismo que el de Obama: "Las orejas", porque "los americanos son unos fanáticos de las orejas. 

Siete almas es un intenso drama en el que Smith da vida a Ben Thomas, una suerte de sacrificado y penitente ángel de la guarda parapetado tras su disfraz de inspector de impuestos cuya única y total dedicación es salvar vidas. Concretamente, las siete vidas de siete desconocidos que le servirán de redención para expiar el gran secreto que oculta. Y para conseguirlo no le importa el precio que tenga que pagar. 

"Es el primer personaje con el que no estoy totalmente seguro de estar de acuerdo con lo que hace", reconoció el actor, que asegura que le costó mucho entender las decisiones del protagonista de Siete almas y que sería capaz de hacer lo que él hace "pero no lo haría". Un personaje controvertido para una cinta "compleja y difícil" que Smith estuvo preparando de forma minuciosa como le gusta al director de la película, Gabriele Muccino. De hecho, asegura que estuvo preparando su personaje durante unas tres semanas, a las que hay que sumar las otras cuatro o cinco semanas de ensayos que Muccino realizó con el resto del reparto, en el que también destacan los nombres de Rosario Dawson y Woody Harrelson, antes de comenzar a rodar. 

Pero, a pesar del duro trabajo, Smith no duda que su relación con el director, con el que ya trabajo en En busca de la felicidad, seguirá "creciendo" en el futuro. "Quiero continuar con Will, juntos podemos hacer cosas revolucionarias para Hollywood", señaló el cineasta de origen italiano, que aseguró que en una industria cada vez más conservadora "películas como esta abren nuevos caminos".

Smith es consciente de que esta cinta no es comparable a sus últimos taquillazos como Hancock o Soy leyenda, superproducciones llamadas a convertirse en taquillazos millonarios, y precisamente por eso reconoce que rebaja su caché cuando trabaja con un director independiente como Muccino. En cuanto al secreto que le ha llevado a convertirse en el actor más rentable de Hollywood y a conseguir que sus ocho últimos estrenos recauden más de 100 millones de dólares -racha que se podía romper con Siete almas, que tras cuatro semanas sólo ha logrado 60 millones en EEUU- volvió a hacer gala de su gran sentido del humor y señaló a sus orejas. 

"Son mis orejas, tienen algo especial. Ahí están Obama, Mickey Mouse... los americanos son fetichistas con las orejas y esta fiebre se está extendiendo por todo el mundo", dijo entre risas para acto seguido ponerse más serio y señalar que si hay algo común en todas sus películas es su intento por "explorar el amor por las personas" y ese punto de "humanidad" que tienen todos sus protagonistas. "Es una idea central, una verdad universal... o simplemente soy un tipo con mucha, mucha suerte", dijo para volver a su habitual tono distendido.

Pero el huracán Smith volvió a ponerse serio cuando fue interrogado por la victoria de Barack Obama. "Lloraba tanto que mi hija pensó que había pasado algo malo", confesó el actor, que aseguró que se trata de un "explosión revolucionaria" que afectará "desde los niños de China hasta las favelas de Brasil", ya que nunca antes "una persona de la clase esclava de un imperio había llegado a ocupar el cargo más alto de ese imperio. "Es un logro no sólo americano, sino para toda la humanidad, que va a tener consecuencias que no podemos ni imaginar", proclamó entusiasmado.

Interrogado sobre su vuelta al drama, un género con el que ha conseguido dos nominaciones al Oscar (Ali y En busca de la felicidad), Smith reconoció que la comedia es su hábitat natural aunque con este tipo de películas se siente "crecer como actor". "Pero la comedia es más cercana a lo que soy, a mi forma de ser", aseguró el actor, que presume de ser bueno a la hora de arrancar risas, "algo fundamental para sobrellevar el dolor". En todo caso, en cuanto a la remota posibilidad de volver a estar nominado a la estatuilla, señaló que a la hora de hacer una película no piensa en los premios sino en el público, "que paga su entrada" y se merece "disfrutar" con su trabajo.

"Espero poder ser como Clint Eastwood y seguir trabando en esto a su edad", señaló Smith, que intecaló algunas frases en su particular español en sus respuestas ya que, confesó, tuvo una profesora de español para sus entrevistas en Latioamérica. "Toda la gente del mundo habla dos o tres idiomas y en Estados Unidos la gente sólo habla uno, no quiero ser un estúpido", sentenció el actor, que dijo que estaría encantado de trabajar con algún cineasta español y explorar nuevas ideas y talentos tanto como actor como productor. "Hace cuatro años Gabriele era poco más que un pastor de ovejas", ironizó.

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