Zahir Ensemble | Crítica Sobre lo moderno y lo posmo

Rosario Guerrero, La Tremendita Rosario Guerrero, La Tremendita

Rosario Guerrero, La Tremendita / D. S.

Singular experiencia la vivida en el Teatro Central, con el conjunto sevillano Zahir Ensemble ofreciendo dos caras radicalmente diferentes de la música de nuestro tiempo. En la primera parte, se sumergió en la aventura de las vanguardias más radicales con una obra impactante del francés Raphaël Cendo: en su tratamiento extremo de los timbres a través de multitud de técnicas extendidas y su exploración del ruido, Graphein es una obra de extrema complejidad, pero que cautiva al oyente por su pura fisicidad, por sus continuas transformaciones del color y las texturas, capaces de crear una tan discontinua como atractiva gama de manchas de sonido. Intensa, brillantísima interpretación del grupo sevillano.

En la segunda parte, Zahir presentó una de las obras más populares de uno de esos compositores que representan fielmente una época y una tendencia, la del posmodernismo: el argentino Osvaldo Golijov ha jugado en toda su carrera a la fusión de materiales muy diversos, y en Ayre (2004) el uso de melodías tradicionales (sobre todo, sefarditas, pero también de Cerdeña o árabes) a la manera del Berio de las Folk Songs, le permite moverse entre la música antigua, la electrónica, el new age y el pop con absoluta soltura.

En este caso se añadía un elemento más: la parte de soprano solista prevista en el original la asumía la cantaora trianera Rosario La Tremendita, habitual también de experiencias lindantes entre el flamenco, el rock y el jazz, voz de un magnetismo muy especial, grito y caricia al tiempo, arropada por un conjunto que mostró tanta versatilidad como elegancia y precisión.

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