Zahir Ensemble | Crítica Espectros sonoros en el patio

Zahir Ensemble en el Patio Cicus. Zahir Ensemble en el Patio Cicus.

Zahir Ensemble en el Patio Cicus. / P. J. V.

Aunque las obligadas mascarillas, las distancias de seguridad, los aforos reducidos y el uso de espacios y accesos desacostumbrados causan aún extrañeza, empieza a respirarse cierta normalidad en la vida musical sevillana a medida que se incorporan ciclos habituales, como este de Zahir Ensemble, que empezó saliéndose al Patio del Cicus, que ofrece una estupenda acústica y un ambiente menos claustrofóbico que el de su no demasiado grato Auditorio.

En programa, obras de tres compositores muy vinculados con París y el mundo del espectralismo. O lo que es lo mismo, los timbres y las texturas colocados en el primer plano de interés. Así en Traces, una obra del año 2001 de la estonia Helena Tulve que juega al contraste de registros, pero no termina de seducir por una inmovilidad ayuna de auténtica tensión.

Más interesantes las dos obras del malagueño Eneko Vadillo, Transparences, un cuarteto que en sus tres secciones transita entre levedades casi feldmanianas, con un tiempo central más agitado, y Antibes en su versión original para flauta sola (sin la electrónica que después añadió el compositor), pieza cuajada de aleteos y trinos que tocó admirablemente Alfonso Rubio.

Las exigencias virtuosísticas de Ramón Lazkano marcaron su atractiva Erlantz, un octeto de gesto más agresivo, contrastes más extremos, discontinuidades inesperadas y un recurso a técnicas extendidas que incluye algunas originales, como el empleo de arcos de violín en el metal de trompa y trombón. El equipo convocado por Juan García Rodríguez respondió a satisfacción.

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