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Cultura

"Las andaluzas deben tomar el protagonismo directo"

  • Antonio Ramos Espejo repasa en 'Andaluzas, protagonistas a su pesar' las vidas de mujeres que han sostenido a sus familias desde el anonimato y el padecimiento

Dicen que detrás de un gran hombre hay una gran mujer. La historia, construida y contada tradicionalmente por los hombres, encuentra en el último libro de Antonio Ramos Espejo una vía para mostrar el otro lado de los acontecimientos a través de la mirada de mujeres silenciadas pero tanto o más cruciales en el devenir de la historia que sus compañeros masculinos. Andaluzas, protagonistas a su pesar engloba una serie de trabajos del periodista nacido en Alhama de Granada realizados entre 1975, con la entrevista a Angelina Cordobilla, la mujer que le llevaba la comida a Federico García Lorca durante su detención en el Gobierno Civil de Granada, y el presente 2010.

Este año el periodista se ha acercado a la vida de Rocío Montero, la gitana del Vacie que interpreta a Bernarda Alba en la adaptación teatral que dirige Pepa Gamboa sobre el drama lorquiano. Entre estas dos mujeres se extienden 35 años de reportajes y entrevistas a andaluzas tenaces, sufridoras, protectoras de sus hogares y familias, que luchan por detrás de sus maridos, hijos y padres. "No son las mujeres que han entrado en la historia por derecho propio, como pueden ser María Zambrano o Victoria Kent, sino que han sido protagonistas en el silencio. Son heroínas anónimas", sentencia Espejo.

El libro toma como punto de partida la vinculación de la escritora inglesa Virginia Woolf con Andalucía. A partir de ahí, Ramos Espejo construye una obra en la que recupera los testimonios de las mujeres que han pasado por sus reportajes a lo largo de su carrera periodística, trazando un puente con las andaluzas que Woolf conoció en sus visitas a España entre 1905 y 1923. En su primer viaje, una anciana vestida de luto riguroso que portaba un cuenco de leche de cabra le provocó la sensación de estar ante una especie de bruja de los cuentos populares. Otra mujer, en este caso indirectamente vinculada a la escritora, fue la madre de la hija de Gerald Brenan, amigo de Woolf que la hospedó en su casa de Yegen en sus visitas a la Alpujarra granadina. Juliana Pelegrina tuvo a su hija, Miranda Helen, con tan sólo 16 años fruto de las violaciones a las que la sometía su amo. Brenan volvió a Inglaterra y regresó al pueblo casado con Gamell Woosley para llevarse a la niña. Juliana, consciente de que la pequeña tendría una vida mejor fuera del entorno rural, la entregó a su padre. Nunca volvió a ver a su hija y murió ciega en Granada buscándola. Woolf, por un lado, y las andaluzas de los trabajos de Ramos Espejo, por otro, encarnan dos modelos de liberación femenina. La primera, por desempeñar el papel de plena igualdad con el hombre ya en los albores del siglo XX; las segundas, por tener ese rol social como objetivo, el cual, según el autor de Andaluzas, protagonistas a su pesar, consiste en la actualidad en "rebelarse contra la historia que han tenido que interpretar hasta ahora. Deben tomar el protagonismo directo, no un protagonismo a su pesar. De hecho ya se está haciendo, pero no es suficiente. La andaluza tiene que ser más protagonista de la historia de Andalucía. Tiene que seguir reivindicando su papel".

A través de sus reportajes, el ex director de varios rotativos destacados en Andalucía repasa las vidas de, entre otras muchas, Ana Ruiz, madre de los Machado; las hijas y nietas de los Seisdedos, la familia protagonista de los sucesos en Casas Viejas; o las mujeres de los sindicalistas del Proceso 1001, encarcelados durante una reunión de la cúpula de CCOO en 1972 acusados de asociación ilícita. En definitiva, esposas, madres e hijas de represaliados, exiliados, ajusticiados o enfermos que sostuvieron la historia de sus familias, de Andalucía, desde el silencio y la constancia. De todos ellos, el testimonio que más le llegó al autor fue el de Angelina Cordobilla, por lo entrañable de su relato a la vez que el mismo condensa todo el dolor causado por la Guerra Civil. A pesar de tratarse de historias trágicas, el periodista también recuerda con especial cariño las entrevistas con las madres del Caso Almería, cuyos hijos fueron asesinados por la Guardia Civil, o a María Vinuesa, denominada por él mismo como la monja del 28 F, ya que envió una carta a Escuredo, el entonces presidente de la Junta de Andalucía, felicitándolo por la aprobación de la autonomía.

Ramos Espejo afirma que la modalidad de entrevista que predomina en Andaluzas, protagonistas a su pesar, la ha cultivado a lo largo de su carrera más con mujeres que con hombres. También se confiesa amante del reportaje histórico, el cual define como la puesta en actualidad de hechos históricos, contando también lo que queda de ellos, como ocurre por ejemplo con los acontecimientos de Casas Viejas. Es por ello que no duda en afirmar que "los periodistas son los primeros en levantar actas sobre los sucesos históricos". En la elaboración de este volumen para el Centro de Estudios Andaluces, con el que el periodista afirma que "he aprendido a ser más humano, a tener más sensibilidad con todo lo que significa Andalucía y a hacerme más periodista", ha contado, entre otras, con las colaboraciones de Catalina Mora Hermoso, Antonina Rodrigo, Rosa Luque y compañeros de su serie de documentales para Canal Sur Andaluzas.

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