Festival Interestelar

Con el ánimo empapado

  • Nombres como Kiko Veneno, Josele Santiago, Coque Malla y Lori Meyers pasan por la segunda jornada de un Interestelar al que fastidió la lluvia

El festival registró un numeroso público a pesar de la lluvia. El festival registró un numeroso público a pesar de la lluvia.

El festival registró un numeroso público a pesar de la lluvia. / Víctor Rodríguez

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La culpa la tuvo Ángeles Jiménez, la elegante voz solista de Turmalina, el grupo que abrió las actuaciones del tercer escenario del festival Interestelar en la tarde del sábado, cuando durante la brillante presentación de su disco Vértigo y victoria le cantó a la lluvia “te debo un baile” y ésta vino a cobrárselo. Al principio de forma suave, como a ritmo de vals, lo que permitió que aún así pudiésemos disfrutar de las fascinantes canciones de Ángel Stanich, que se presentó en el escenario con la sintonía de Verano azul rota por la batería de la banda que le acompañaba y con la que se muestra ahora como un Wilco mucho menos huraño que antes. Sobresaliente actuación la suya.

Kiko Veneno y Full fueron los más perjudicados por el temporal

Poco a poco la lluvia fue acelerando el ritmo de su baile poniendo en peligro la actuación de El Kanka, pero atendió su súplica de “a ver si el cielo nos deja hacer un conciertito” y pudo dejarnos esas canciones suyas llenas de ironía con un puntito de maldad que le han colocado en la parte más alta del difícil nicho que ocupan los cantautores urbanos tintados de flamenco. Su Canela en rama fue un presagio de lo que la lluvia venía dispuesta a hacer: “yo venía de visita y me quedé”. Para disgusto de los seguidorers de Kiko Veneno y Full, que fueron los más perjudicados por el temporal y cantaron para unas pocas decenas de seguidores con los ánimos empapados bajo sus paraguas; aunque en las carpas cubiertas, los que no estaban preocupados de esquivar los fríos y molestos goterones, se sobreponían montando una juerga flamenca al rítmo del Volando voy que a lo lejos cantaba Kiko o haciendo que siguiese en funcionamiento el reloj de las horas muertas de la Burbuja de champagne de Full.

Pero volvamos al principio, a las tres y cinco de la tarde, cuando la cincuentena de madrugadores que nos dimos cita ante el escenario Cruzcampo respirábamos con alivio cada vez que una nube nos tapaba el pegajoso sol. Allí All La Glory se encargaron de abrir la jornada dejando un papel muy difícil a todos los que intentasen después superar un concierto magistral lleno tanto de melodía y sensibilidad como de furia guitarrera cuando Juano e Isra se disparan. El goteo de asistentes aún era lento cuando en el escenario vecino “un tío pausao”, como se define a sí mismo Josele Santiago en su canción Farol vino a enseñarnos qué es el intimismo descarnado mientras nos decía que Pensando no se llega a ná y nos hacía cantar con la boca llena de “gominolas rechupeteás” las frases de Olé, papá, cuyos “ole, ole y ole” finales sirvieron de perfecta introducción para Arizona Baby y su set acústico, que por su look y los acordes de sus guitarras bien podrían ser unos ZZ Top por alegrías de Cádiz. Se les nota el duende adquirido al grabar sus nuevas canciones aquí en Sevilla.

Los Lori Meyers fueron quienes más público congregaron en la jornada del sábado

Con la tormenta pasada, la noche cayó mientras Coque Malla cantaba “todo está oscuro y no se ve” en su canción Todo el mundo arde, que nos definía perfectamente: todos ardíamos de ganas de reengancharnos a un Interestelar que estaba empezando a subir otra vez con el Berlín y la revisión de los Piratas y de sus tiempos en los Ronaldos, con un impagable Guárdalo. Cuando Anni B. Sweet subió al escenario para cantar con él (y con todo el público, de nuevo muy numeroso) No hay manera la lluvia ya sólo era un recuerdo como de algo que “ayer vi en televisión”, como Lori Meyers cantaban poco después en Evolución. Los granadinos fueron los que más público congregaron en esta segunda jornada del festival, que a partir del guiño trianero de Todo es de color con el que empezaron a poner fin a su concierto entró en una recta final descendente que no se precipitó al vacío todavía por el buen hacer de Rayden y Dorian; el primero a pesar de que el público sectorial que congrega el rap no tenía ayer más cosas que seguir y pudo sentirse amilanado por el tiempo y sin embargo allí estuvo. Y los segundos porque con su pop elegante marcaron el camino que teníamos que seguir inevitablemente: “estamos cerca del final, esto es la última señal”. Lo que vino después ya fue residual, unas Nancys Rubias que no fueron capaces ni por asomo de poner un broche de oro tan brillante y loco como el del año pasado. Mejor nos quedamos con el gran deseo de asistir de nuevo a otro Interestelar que, parafraseando a El Imperio del Perro, “no será peor, seguro que es mejor”. Y que les veamos por fin fuera de ese tercer escenario, que se les queda pequeño, como también a los Tulsa y su denso sonido y a los dos salvajes que forman Los Bengala.

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