Cultura

Las costuras del teatro andaluz

  • El Casino acoge desde este jueves una exposición sobre la diseñadora y figurinista Carmen de Giles, nombre de referencia de las artes escénicas de la comunidad en los últimos 30 años.

Bajo la cúpula del Casino de la Exposición, justo en el centro de su gran vestíbulo circular, alzándose varios metros desde el suelo, un espectacular maniquí que porta un larguísimo traje de tafetán y un pendiente-collar con forma de serpiente recibe al visitante, que descubre así -o recuerda, si está ya familiarizado con el minucioso y artesanal trabajo de su creadora- la poderosa impronta, en inusual equilibrio entre lo terrenal y la fantasía, de los trabajos de Carmen de Giles. Nacida accidentalmente en Antequera en 1956, esta diseñadora y figurinista sevillana, educada en el espíritu punk del do it yourself e iniciada en la creación en la efervescente y desinhibida Sevilla de los 80, ha dejado en las últimas tres décadas su sello en el vestuario de las mejores compañías de artes escénicas de Andalucía, desde el teatro al flamenco, pasando por el Carnaval de Cádiz o los espectáculos de calle, como aquella colorida cabalgata (18 carrozas: casi 4.000 prendas y complementos) que recorría todos los días el recinto de la Expo 92.

Ese vestido que imantará -seguro- todas las miradas de los visitantes nada más entrar en el Casino es una de las piezas que se podrán ver en ese espacio desde este jueves, cuando Vestir la representación: Carmen de Giles. 30 años se abrirá al público, hasta el próximo 16 de noviembre, fecha de la clausura de esta exposición comisariada por Antonio Flores, diseñador y marido de la creadora. A él le ha tocado la complicada y exhaustiva tarea, explicó ayer, de seleccionar, de entre más de 3.000, los trabajos más representativos de este verso suelto -"jamás he estado sujeta a las tendencias, nunca he sabido qué era lo que se llevaba en cada momento", asegura ella- que en 1982, después de estudiar Farmacia y tras completar tres cursos de Psicología, fundó con varios amigos también diseñadores el Colectivo Fridor y desde la tienda de ropa, música y objetos de regalo de éste en el Pasaje de los Azahares llegó, finalmente, al teatro.

Tal como se muestra en la exposición, Salvador Távora y Ricardo Iniesta son dos nombres fundamentales en su trayectoria: con el primero trabajó desde sus inicios como diseñadora de vestuario y figurinista, y de esa experiencia, recogida ampliamente en esta exposición -pueden verse muestras de sus vestuarios para obras como Don Juan en los ruedos, Carmen, Picasso andaluz, Crónica de una muerte anunciada o Piel de toro, entre otras muchas montadas por La Cuadra-, a Carmen de Giles le quedó claro que Távora "se abre y se arriesga más que otra gente mucho más joven". No menos significativas han sido sus colaboraciones para Atalaya, que desde sus mismos inicios la reclamó: "Supongo que podría decirse que entre los dos [Iniesta y ella] hemos ido creando la imagen de la compañía, dice la creadora, cuyos trabajos para Ricardo III, El público, La oreja izquierda de Van Gogh, Medea, la extranjera, Ariadna o la Ópera de tres centavos se muestran asimismo en la exposición.

Pero el trabajo de esta "absoluta autodidacta" que ha impartido clases en la Escuela de Diseño y recibido numerosos premios por su labor va mucho más allá de estas dos alianzas especialmente emblemáticas. Alfonso Zurro (para el que diseñó por primera vez todo el vestuario de una obra), Los Ulen, La Fundición de Pedro Álvarez-Ossorio, Sensa Teatro o compañías públicas como el Centro Andaluz de Teatro han contado también con esta creadora a la que le gusta sobre todo, dice, "coger los materiales y manipularlos" para, a través de "ciertas texturas", encontrar "una atmósfera, que es la magia del teatro": "Y por eso acudo a distintos materiales... Rara vez usaré una tela que exista ya en el mercado. Yo me documento, miro las referencias históricas de las obras, estudio los distintos montajes que ha habido a lo largo del tiempo en el caso de que sean textos clásicos... y luego me olvido de todo y me dedico a lo que más me gusta, que es inventar".

Dice la diseñadora que podría llevar años "haciendo óperas en París", que podría haberse ido a vivir a Madrid o Barcelona y tener más fama. "Pero prefiero la calidad de vida de mi tierra, tuve esa oportunidad de salir... pero no me arrepiento para nada", afirma la artista, que concede una importancia crucial a la relación cotidiana y al trabajo en red con "otros artistas", que es lo que hace que su oficio, asegura, sea "tan gratificante". Esa sintonía puede apreciarse igualmente en sus numerosos trabajos flamencos (para Rubén Olmo, Esperanza Fernández, Ballet Flamenco de Andalucía, La Yremenmdita, 8co80...) y fronterizos (Kiko Veneno, Martirio...), así como para otros universos en sí mismos como el que toma cada mes de febrero el Gran Teatro Falla de Cádiz (ha vestido a las chirigotas del Canijo o las comparsas de Tino Tovar...): coordenadas de una creadora que nunca tuvo reparos para tratar de acortar la distancia entre la tragedia griega y la risa anárquica del Carnaval; el desprejuiciado empeño de una mujer que fue, como contó una vez ella misma, primero hippie, luego punk, más tarde new wave y siempre, desde que empezó a vestir a sus amigos antes de pasar a hacer lo mismo con la historia vida de las artes escénicas andaluzas, artista a su bola.

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