Amin | Crítica SEFF

El otro lado de la inmigración

Emmanuelle Devos y Moustapha Mbengue en una imagen de 'Amin'. Emmanuelle Devos y Moustapha Mbengue en una imagen de 'Amin'.

Emmanuelle Devos y Moustapha Mbengue en una imagen de 'Amin'.

A pesar de las reticencias iniciales, Amin va conquistando poco a poco en su tono sobrio y despojado, en su sencillez narrativa transparente, fluida y anti-psicológica, ese loable propósito de hablar de la inmigración (en Francia) desde el otro lado de las estadísticas y los informativos, acercándose y poniéndose a la altura de sus personajes, liderados por el Amin del título, un trabajador de la construcción senegalés que se gana la vida como puede y que anhela volver a su país con su mujer y sus hijos más allá de las visitas vacacionales.

Más aun, la película de Faucon se adentra en un territorio tabú como la relación sentimental y sexual entre el inmigrante negro y la mujer blanca (Emmanuelle Devos, extraordinaria como siempre) sin explicaciones ni concesiones al morbo, abriendo el relato a otras realidades y perspectivas que inciden en la intimidad, la soledad, el deseo o la culpa como factores normalmente eludidos en otras aproximaciones cinematográficas al tema.

Aunque lejos de la precisión fabuladora y la riqueza formal de un Kaurismäki, Amin tiene sin embargo bastante en común con el carácter humanista y político de las últimas películas del maestro finlandés.