Festival de Cine de Sevilla | Obra sin autor | Crítica

El cine como 'arte degenerado'

Sebastian Koch, suegro 'ideal' en el filme de Henckel Von Donnersmarck. Sebastian Koch, suegro 'ideal' en el filme de Henckel Von Donnersmarck.

Sebastian Koch, suegro 'ideal' en el filme de Henckel Von Donnersmarck.

Bajando a mínimos el nivel de la sección oficial, el nuevo filme del responsable de La vida de los otros propone un nuevo viaje en el tiempo a la Alemania nazi, la IIGM, la inmediata posguerra y los años del Muro intentando anudar en tres largas horas la Historia y sus peajes (aquí son igual de malos los nazis, los comunistas y el arte contemporáneo) con el drama personal y el despertar creativo y redentor de un niño, primero testigo de la crueldad genocida de los nazis en manos de un doctor maléfico que acabará por ser su suegro (¡ole ahí!), luego peón despersonalizado del realismo socialista y, finalmente, pintor atormentado en busca de una voz propia en el paródico ambiente artístico del Berlín Occidental de los 60.

Rodada con absoluto desprecio por las formas y contada a un espectador de parvulario como si de una mala serie televisiva se tratara, Obra sin autor quisiera atribuirse también una suerte de justificación del propio director sobre sus innumerables renuncias creativas y su total amnesia del legado de la modernidad en aras de una simplificada, culebronesca, reaccionaria y risible visión del cine y la historia reciente.