La Edad del Torio
La era de las tierras raras
Tecnos publica, actualizado y aumentado, 'La era de las tierras raras', obra de análisis geopolítico del militar, especialista en estudios estratégicos, Juan Manuel Chomón Pérez, donde se explica la situación energética y política mundial, en función de la escasez de tierras raras, necesarias para la producción de tecnología actual, monopolizada por China
La ficha
La era de las tierras raras. La cruzada geopolítica por los metales estratégicos. Juan Manuel Chomón Pérez. Tecnos. Madrid, 2025. 294 págs. 23,50 €
Publicado en 2023, La era de las tierras raras se ha beneficiado de una segunda edición, notablemente aumentada, que obedece tanto al desarrollo del conflicto ucraniano, como a la guerra arancelaria que se ha desatado entre los gobiernos chino y estadounidense, principalmente. A ello deben añadirse las insólitas amenazas proferidas por Donald Trump contra el territorio danés de Groenlandia, así como la hostilidad manifestada por dicho dirigente contra su nación vecina, el Canadá. Todos estos episodios, que la prensa ha atribuido -no si parte de razón- al carácter proteico del señor Trump, caben explicarse por otros motivos, derivados del mero cálculo estratégico y la seguridad nacional. Según se aduce en estas páginas, existe una razón principal para tales hechos: toda la tecnología armamentística, médica, de automoción, de comunicación, etcétera, de la que dispone Occidente, necesita para su funcionamiento de las llamadas “tierras raras” (escandio, itrio y quince metales más). Unas tierras cuyo monopolio, producción, refinamiento y transformación industrial se halla, en régimen de monopolio, en manos chinas.
La producción de elementos para las energías renovables dependen de las tierras raras
Uno de los pocos países occidentales que extrae y produce industrialmente tales metales es, precisamente, Ucrania, en las zonas en litigio con Rusia. En situación parecida se halla Groenlandia, donde se albergan notables reservas de dichos metales. En cuanto al Canadá, se trata de uno de los países que mantiene cierta autonomía respecto a China, porque produce y procesa “tierras raras”, junto a Japón y Australia. El resto necesita a China para hacer volar sus aviones de combate, para dirigir sus misiles o para poner en marcha la sofisticada maquinaria bélica europea. Ese es el presumible motivo de la parálisis en el suministro de armas a Ucrania, según explica el teniente coronel Juan Manuel Chomón, autor del presente estudio geopolítico, cuya finalidad es la de analizar los posibles conflictos, presentes y futuros, vinculados a la escasez de recursos críticos, como las “tierras raras”. Sin los elementos fabricados en China (y que China restringe a voluntad, atendiendo a sus propias necesidades estratégicas), la posibilidad de presionar a Rusia militarmente se reduce de modo notable. Hay, no obstante, otra cuestión principal, añadida a esta merma de la maniobrabilidad y la independencia militar occidental. Dicha cuestión es el suministro y la producción de elementos para las energías renovables, solar y eólica en primer término, que dependen, igualmente, de las tierras raras. Sin estos elementos, la acelerada transición energética que se han impuesto los países occidentales, y que ha vuelto a exigirse en la Cumbre de Belém celebrada estos días, no es posible, dada la altísima demanda que ello supone, y que acaso no se pueda cubrir -según el autor- en los próximos años. A tales problemas, Chomón suma la toxicidad de la producción de las placas solares, así como la huella de carbono que los componentes de las energías renovables generan, al precisar de la quema de carbones para su obtención. Según Chomón, la extracción de tierras raras en África y Asia, capitalizadas por China, está provocando una grave devastación ambiental, acompañada de conflictos armados, fruto de la ausencia de controles con que se extraen los metales raros.
Una de las soluciones que el autor ofrece a esta situación de dominio geopolítico y de extinción de recursos es la producción de energía nuclear, mediante pequeñas centrales nucleares de nueva generación, que utilizan como combustible el torio. La propia China incluye en sus planes la autosuficiencia energética nuclear. Y son numerosos los países, con China y Rusia a la cabeza, que tienen su construcción en marcha. Según recuerda Chomón, Bill Gates ha impulsado junto a Warren Buffet la implantación en Estados Unidos de alguna planta de este tipo, cuyo tamaño y cuya seguridad, así como la rapidez de su construcción, permiten una respuesta rápida a los problemas planteados, tanto por el monopolio chino, como por la paradójica insostenibilidad de la energía sostenible, debida a los plazos proyectados. Otra de las opciones que enuncia Chomón es la explotación de las minas de tierras raras en Europa y USA (explotación que se ha rechazado por motivos ecológicos, lo cual facilitó a la actual dependencia de la industria china), así como de los yacimientos submarinos que podrían proporcionar tierras raras en abundancia.
Más allá de estas posibles soluciones, el interés del libro radica en la exposición del panorama actual, en la que se cruzan las estrategias de predominio con los cambios energéticos hoy en marcha. Cambios cuya excesiva velocidad, según sostiene el autor, podrían tener un efecto paradójico e insostenible.
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