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El emperador que mantuvo la paz

  • El Arqueológico analiza en una muestra la 'Metamorfosis' que conoció Roma con el gobierno de Adriano, un líder que comprendió "que la diversidad del Imperio no tenía que ser reprimida"

El consejero de Cultura, Miguel Ángel Vázquez, inauguró la muestra junto a la directora del Arqueológico, Ana Navarro, y el comisario Juan Manuel Cortés. El consejero de Cultura, Miguel Ángel Vázquez, inauguró  la muestra junto a la directora del Arqueológico, Ana Navarro, y el comisario Juan Manuel Cortés.

El consejero de Cultura, Miguel Ángel Vázquez, inauguró la muestra junto a la directora del Arqueológico, Ana Navarro, y el comisario Juan Manuel Cortés. / belén vargas

Dión Casio, el autor de una ambiciosa Historia Romana que recorría cerca de mil años, relataba una anécdota que define la disposición de Adriano a su pueblo. "En una ocasión una mujer se le acercó en la calle y le pidió algo. Él, en un primer momento, le dijo: ¡No tengo tiempo! Pero, después de que ella le dijera a voz en grito ¡Pues no reines!, él se dio media vuelta y le concedió audiencia". El fragmento es uno de los textos que abre Adriano. Metamorfosis (117-2017). El nacimiento de la nueva Roma, una exposición que hasta el 8 de abril recuerda en el Museo Arqueológico de Sevilla a este emperador cuando se cumplen 1900 años de su llegada al poder.

Un gobernante que tuvo una actitud "absolutamente nueva, lejos de los personajes altaneros, distantes, que hasta entonces habían sido los emperadores", señala Juan Manuel Cortés Copete, comisario de la muestra junto a los especialistas Elena Muñiz y Fernando Lozano, sobre un hombre que viajó por los territorios en los que mandaba más preocupado por las inquietudes de los ciudadanos que por las campañas militares. La Metamorfosis a la que hace referencia el título de la muestra alude a la transformación que experimentó su imperio, un cambio "que hizo no desde la guerra, sino desde la integración de culturas. Su modo de fomentar la convivencia es un mensaje que debemos tener muy presente", opina el consejero de Cultura, Miguel Ángel Vázquez. Una idea en la que incidió Vicente Guzmán, rector de la Universidad Pablo de Olavide, que organiza la exposición junto con la Universidad de Sevilla. "En un mundo diverso y complejo hay que mirar a políticas que promueven la cohesión y aparcan la conquista por las armas. Hoy parece que las diferencias tienen que ser motivo de separación, y en este sentido la universidad debe recuperar experiencias históricas positivas".

"Se acercó a sus súbditos como ningún emperador lo hizo antes", se lee en la muestra

A través principalmente de la importante colección que tiene el Museo Arqueológico, pero también con préstamos procedentes de museos de Yecla (Murcia), Tarragona, Mérida y Badajoz, Adriano. Metamorfosis explora la singular revolución de este soldado que mantuvo la paz, un amante de la cultura que según los datos que ofrece la muestra era aficionado a la poesía y experto en aritmética y en pintura, tocaba la cítara y cantaba, una razón por la que al rector de la UPO le gusta ver este homenaje al emperador como una "reivindicación de las humanidades".

El líder que inspiraría siglos más tarde a Marguerite Yourcenar poseía "una personalidad complejísima", revela Juan Manuel Cortés, "por la que los antiguos no lo entendieron bien. Lo llamaban diferente, multiforme. Él comprendió algo que es moderno, que la diversidad cultural del imperio no tenía que ser reprimida, sino que podía convertirse en algo fundamental de la nueva identidad romana". Así, su respeto a otras tradiciones le llevó a presidir los festivales en Atenas vestido a la griega, a adentrarse en los jeroglíficos egipcios o a admitir la lengua púnica en los tribunales de África.

Con un mapa que delimita cómo concebían el mundo los contemporáneos de Adriano arranca un itinerario en el que se abordan entre otras cuestiones los orígenes del emperador (en el apartado De la Bética al imperio); las tres patrias de este mandatario que según la Historia Augusta nació en Roma, tenía en Itálica el hogar de su familia y su domicilio legal, y se instaló en Atenas; el proceso de divinización que sufrió su figura o la muerte de su amado Antínoo, considerado desde entonces un héroe que durante siglos dio nombre a una constelación. Entre las obras que reúne el Arqueológico para la ocasión destacan, entre otras piezas, los tres bustos de Adriano, procedentes de Mérida, Tarragona y Yecla, éste recientemente descubierto, que dialogan con el que posee el museo sevillano, o la curiosa falange de un dedo meñique -de unos 30 centímetros- que pertenecía a una estatua de tamaño colosal, que de estar de pie superaría la asombrosa medida de los 25 metros. Un patrimonio dispuesto para evocar a este "viajero incansable" que, como se lee en uno de los paneles de la muestra, "se acercó a los súbditos como ningún otro emperador lo había hecho".

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