Cultura

Los frutos de la tierra

Baile, coreografía y dirección: Guadalupe Torres. Cante: Pepe de Pura, Miguel Lavi. Guitarra: Antonio Sánchez. Percusión: Kike Terrón. Lugar: Sala Joaquín Turina. Fecha: Jueves, 24 de abril. Aforo: Tres cuartos de entrada.

El espectáculo destaca, por concepto, en la elección del repertorio, al incluir estilos poco frecuentes en el baile actual como los fandangos a ritmo de soleá o el romance. Lo que más me gustó fue cuando Torres echó mano del mantón y la bata de cola. A pesar de los problemas que le presentó un volante rebelde. En este baile por fandangos se dio el equilibrio perfecto entre el instinto y la técnica. Ese culmen de la civilización que es la bata de cola. De la civilización femenina flamenca. Ahí la técnica encontró su sentido, tanto en el lenguaje corporal como en la escobilla.

También estuvo equilibrada en los tangos de Triana. Sólo que en los tangos no vale el equilibrio. En los tangos la entrega debe ser total: no sirven los cálculos, los cortes, la coreografía. Sólo cabe entregarse a la corriente de la tierra. Los tangos son bailes de negros, sexuales. Y allí se asomó la bailaora, sin dejarse ir del todo. En los tangos sólo cabe el calor del Caribe. El pique, mucho pique.

En los romances buscó y encontró el pellizco, la inspiración en esas voces de timbre etéreo, roto, fundamental. Pepe de Pura y El Lavi como yin y yang del cante, la luz y lo oscuro. Las proyecciones sobraron porque no se pudieron ver y porque tenían escasa conexión con lo que se veía en el escenario. A pesar de que el repertorio se inspirara en Pepe Pinto, Manuel Torre o la Niña de los Peines, el baile, el cante y el toque que vimos anoche sobre las tablas de la Sala Joaqín Turina están muy alejados de estos referentes. Hemos ganado en técnica lo que hemos perdido en tierra. Guadalupe Torres representa el equilibrio de estas polaridades del flamenco actual.

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