música

Su gran noche: pudo serlo y lo fue

  • Raphael deslumbra en Fibes con clásicos de siempre y temas de su nuevo repertorio

  • Esta noche ofrece su último recital en Sevilla

Raphael (Linares, 1943), entregado a su público sevillano en el Auditorio de Fibes. Raphael (Linares, 1943), entregado a su público sevillano en el Auditorio de Fibes.

Raphael (Linares, 1943), entregado a su público sevillano en el Auditorio de Fibes. / víctor rodrÍguez

Ataviado con su mítica chaqueta de cuero, que vuelve a sacar del armario cuando quiere cambiar de aires, Raphael no necesitó presentaciones en el primero de sus tres conciertos en el Auditorio de Fibes. Su mera presencia en el escenario, nada más aparecer, desató la euforia de un público tan variopinto como numeroso. Brazos extendidos, en señal de eterno agradecimiento, sones de guitarras y la primera canción, Infinitos bailes, que da título a su último trabajo y con la que puso de pie a todo el auditorio. Estudiados juegos de luces, ritmos rockeros y dos temas más de su último trabajo: Aunque a veces duela y Loco por cantar. Novedad para su público más joven, que probablemente jamás hubiera visto al Ruiseñor de Linares hacer suyo un escenario, y sus joyas de la corona para los amantes de los clásicos. Más cuerdo que nunca, Raphael demostró en Fibes que sigue siendo aquel y lo será para siempre.

Elegante y seductor sobre las tablas, con ademanes chulescos al más puro estilo Raphael, el artista supo dar a su público lo mejor de él en cada momento. "No se preocupen si echan de menos algún tema, que yo sé lo que tengo que cantar", dijo risueño el artista. Acto seguido, los primeros acordes de Mi gran noche despertaron la locura de todo el público que, en pie, hizo los coros de uno de los temas más bailados de la historia musical del país. El jiennense no es que supiera lo que tenía que cantar, es que parecía adivinar lo que el auditorio quería en cada momento. Provocación, Cuando tú no estás y Nada soy sin Laura, clásicos del artista. Por ser tú y Carrusel -esta última acompañada de imágenes de Londres, Madrid o París-, pertenecientes a su nueva apuesta musical, lograron un rotundo éxito entre sus seguidores.

Con energía y pasión, el artista mantuvo el ritmo durante las dos horas y media del recital

Con energía y pasión, el artista mantuvo el ritmo durante las dos horas y media de recital. Ni el desgaste propio de una actuación tan larga y dinámica ni el cansancio de llevar todo el peso del espectáculo se apreciaron en el intérprete, que sólo sacó una silla para darle más énfasis a la interpretación de sus temas. Porque Raphael es eso: interpretación pura y dura. Su ya característica gestualidad estuvo acompañada durante todo el momento por bailes sobre el escenario y movimientos de cadera. Eso, unido a su inconfundible voz y su particular sello a la hora de cantar, sirvió al público para ovacionarlo en pie al terminar cada canción. También con fervor se vivieron canciones como Adoro -cuya interpretación habría aplaudido hasta el propio Manzanero-, Nostalgias, Gracias a la vida, Estar enamorado, Escándalo -un éxito asegurado- y Como yo te amo, con la que cerró el repertorio.

Con Raphael ocurren dos cosas, que te lo crees o te lo crees. Para el que el concierto del jueves fuera el primero de su vida, fue muy fácil comprobarlo. Por una tontería, acompañado de un piano, dio cuenta de esa teatralidad que emana del artista y que hace que el que lo escucha termine con el corazón en un puño. Nostalgias fue otro de los temas con los que casi deja sin aliento al auditorio que, en una especie de nirvana, aplaudió al de Linares hasta sacarle los colores. Para el que lleva toda la vida escuchando sus canciones sólo fue una reafirmación de algo que ya sabía. Raphael es un espectáculo en sí mismo y hace de sus conciertos un goce absoluto. La experiencia da muchas tablas y él las tiene todas consigo. Pero no sólo hay que tener maestría en la profesión, hay que tener las mismas ganas y respeto que si fuera la primera vez que te subes a un escenario. A Raphael no le falta ni lo uno ni lo otro, sobre todo las ganas. Jamás se vio a un artista ponerle más pasión a lo que hace que a Raphael en su concierto. Por eso hace tres recitales seguidos en una misma ciudad, vende casi todas las entradas y puede decir bien fuerte que "la coleta se la corten los toreros". Esta noche (a las 21:00) repite faena y está claro que volverá a salir por la puerta grande.

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