Lee Fields. Músico

"Me importa literalmente cada palabra que canto: la música tiene que ser real"

  • El cantante, veterano superviviente del 'soul' de estirpe más clásica y una de las apuestas internacionales (y seguras) de este Monkey Week, actúa la noche del sábado en el Central.

Como tantos y tantos otros artistas del soul, Lee Fields (Carolina del Norte, 1951) tiene una historia. Una bonita. En activo desde finales de los 60, cuando se ganó una reputación como autor de singles de funk incendiadopor los que muchos empezaron a llamarlo "el pequeño James Brown", tuvo que esperar muchos años, más de 40, media vida, hasta la llegada del reconocimiento generalizado como un fruto tardío y vivificante. Con una edad a la que la mayoría de sus ilustres colegas de generación estaban desaparecidos o retirados y la mayoría de nosotros andaría haciendo planes para su quimérica jubilación, él publicó una serie de deliciosos discos -My World (2009), Faithful Man (2012), Emma Jean (2014)- que llevó a muchos, erróneamente, a hablar de regreso. Segunda juventud sí, sin duda, pero no regreso. Fields siempre estuvo ahí, admirado por los connoisseurs de la inmensa black music, sampleado por no pocas bandas de rap, tocando muchas veces en locales restringidos al megaespecífico circuito estadounidense de soul, esperando a que el resto del mundo estuviera dispuesto a escucharlo.

"Mira, a mí todo eso no me importa ya -dice el cantante al otro lado del teléfono, aún en su casa de Estados Unidos-. Ése ha sido mi camino, y de hecho debo decir que me siento afortunado. Un hombre de mi edad debe, por lo menos, comprender qué cosas tienen importancia y cuáles no la tienen. Yo nunca hice música para ganar mucho dinero, ni para ser famoso. Sencillamente, el soul es la manera que tengo de vivir mi vida. Soy una persona de hondas creencias religiosas y para mí todo está conectado: el soul es una expresión del espíritu y el espíritu es una expresión de Dios. No hay nada que disfrute tanto como cuando estoy en el escenario y el sentimiento se desborda y de alguna manera salgo de mí mismo, de mi propio cuerpo, como si algo me elevara. Eso es para mí el soul, no sólo música, sino algo que tiene que ver con el aquí y el ahora, y la vida de todo el mundo, creyente o no, sucede aquí y ahora. Y yo no he encontrado nada que capture ese sentimiento de manera tan poderosa como cantar soul".

Lee Fields es pasión. Pero una pasión templada, tranquila, como en paz con todo, ni más ni menos que lo que transmiten esos últimos e inspirados discos suyos, rematados con un placentero groove y envueltos en un deep soul -el conmovedor, el que toca la fibra- que delata tanto la juventud de su vigorosa y compacta banda, The Expressions, como el gusto del artista por las fuentes clásicas del género: la del imperial sello Stax, la del setentero sonido Filadelfia o la de las baladas y los medios tiempos de vibración southern, mucho más próximo a Sam Cooke, Wilson Pickett o Solomon Burke que a James Brown, en contra del sambenito primerizo. El concierto que ofrecerá la noche del sábado en el Teatro Central dentro de la oferta del Monkey Week será, como suele decirse, una apuesta segura. Tocará, adelanta, canciones de esos últimos trabajos, en especial de Emma Jean, dedicado a su madre y fruto de un dolor aún vigente.

"Escribí esas canciones como postales para mi madre, como un álbum de momentos, como una ofrenda en su memoria. Me costó mucho aceptar su muerte. Una madre es importante para todos, ¿verdad? Para mí fue fundamental, en todas las etapas de mi vida. Teníamos una relación especial. De modo que el disco trata sobre la pérdida y la pertenencia, algo que puede parecer paradójico, salvo si uno ha tenido la desgracia de pasar por una experiencia así", explica Fields, que seguramente también interpretará los nuevos temas que está a punto de publicar, el 4 de noviembre, en su nuevo álbum, Special Night. "El mundo de la música se ha convertido hoy en una cosa un poco extraña, ¿no crees? Pero, de nuevo, me da igual. Yo siempre he hecho lo que sentía que tenía que hacer. No hago discos por hacerlos, por inercia; cuando grabo un disco necesito de verdad -lo dice subrayando, casi deletreando su truly con su voz grave y arenosa- que me importen las canciones, y cuando digo esto me refiero a que me importan y creo literalmente en todas las palabras, una por una, que voy a cantar. Para mí, el sentido de la música es ese, capturar momentos reales. Sólo así las canciones se vuelven reales para alguien más. Tengo muchas ganas de cantar las nuevas canciones, sí".

Cabe preguntarse por las razones de su extraordinaria perseverancia. ¿De dónde saca el entusiasmo para seguir componiendo con el mismo ímpetu de siempre, para seguir subiéndose a un escenario a compartir sus empeños? "De pequeño vi a los Beatles en televisión y me voló la cabeza. Más tarde, con 15 años o así, los pude ver en directo. Y... oh man! Todavía hoy los adoro. Eso fue importante para mí, empecé a ver algo ahí que me atraía con mucha fuerza, pero descubrí que quería dedicarme a esto cuando fui a mi primer concierto de James Brown, ahí sí, ahí lo supe definitivamente. Desde entonces empecé a prepararme para hacer shows grandiosos, para provocar ese tipo de emoción. Y aún sigo trabajando para conseguirlo", dice. ¿Ningún problema entonces con las comparaciones? "A estas alturas me da igual. Ya no me lo dicen tanto, por otro lado. Supongo que los que me conocen saben que Lee es Lee, no James Brown. En cualquier caso, que me lo digan es un enorme cumplido porque James Brown fue uno de los más grandes entertainers que ha existido jamás, además de un genio de la música".

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