'La tierra es plana' Una larga reflexión sobre el colonialismo

  • El CAAC acoge hasta mediados de marzo una exposición sobre las películas, comprometidas y llenas de lirismo, de John Akomfrah

'Auto de fe', una de las piezas de Akomfrah que exhibe el CAAC. 'Auto de fe', una de las piezas de Akomfrah que exhibe el CAAC.

'Auto de fe', una de las piezas de Akomfrah que exhibe el CAAC.

Handsworth, cerca de Birmingham, alojó en el último tercio del siglo XVIII las máquinas textiles más avanzada de la época. Durante el siglo XIX, fue una población industrial y obrera que cambia durante la II Guerra Mundial al llegar obreros de la India (aún colonia británica) y muchos afrocaribeños. Trabajan los primeros en fundiciones y los segundos en la industria de armamento de Birmingham. Es la contribución colonial al esfuerzo bélico. Unos y otros terminan asentándose en Handsworth ante las expectativas laborales de un país en reconstrucción tras los bombardeos nazis. Los desajustes posteriores en el modelo económico de posguerra generarán un progresivo malestar entre los inmigrantes que sale a la luz primero en 1981 y después en 1985. Enfrentamientos con la policía que acaban demonizando a la población de color con reiterados errores judiciales que tardarán en subsanarse.

Las tensiones vuelven a Handsworth en 1991, 2005 y 2011, pero sobre lo ocurrido en 1985 John Akomfrah (Accra, Ghana, 1957) dirigió en 1986 un excelente documental, proyectado ahora en la Capilla de la Magdalena, en la Cartuja. Songs of Handsworth une filmaciones de aquellos sucesos con fragmentos de noticiarios y de formas de la vida cotidiana de la minoría afrocaribeña. Un fragmento de una intervención televisada de Margaret Thatcher señala la insensibilidad de buena parte de la población blanca hacia las minorías de color: sin reconocer la contribución de estas gentes a Gran Bretaña en la guerra y la paz, Thatcher sólo insiste en la diversidad cultural y cree por ello necesario limitar la inmigración: casi un anticipo de las ideas popularizadas por Samuel P. Huntington en 1993. 

'El vértigo del mar'. 'El vértigo del mar'.

'El vértigo del mar'.

El filme, aunque encargado por Channel 4, es el trabajo del Black Audio Film Collective, fundado, en 1982, por John Akomfrah y otros estudiantes y estudiosos de la Universidad de Portsmouth que indagan en las condiciones de vida de las minorías procedentes de las antiguas colonias y en general, los fenómenos derivados del colonialismo.

La sombra del colonialismo no sólo es alargada sino persistente y proclive al disfraz. La colonización y más aún el esclavismo privaron a muchos seres humanos de sus raíces. Los colonizadores más dignos, clérigos, religiosos, maestros, sanitarios, creían poseer un depósito de verdades y prácticas sociales que se esforzaron en transferir a las diversas etnias, intentando que abandonaran su cultura. Esta buena fe era ajena al capitán de empresa y más extraña aún al esclavista. Si el mundo propio del individuo, el mundo personal que fragua en una subjetividad madura, brota de la integración en la propia cultura, es fácil imaginar la crueldad (consciente o no) de los colonizadores y los perjuicios derivados de su proceder.

Los trabajos de Akomfrah (su familia emigra a Gran Bretaña en 1963) pueden leerse en esa clave, si bien poco a poco cuidan la formas hasta rozar el espectáculo. Mnemosine (Memoria) intenta reelaborar el mito de las nueve musas (hijas del amor entre Zeus y la Memoria). Significativamente el protagonista de tal recuperación de la memoria permanece en el filme en una desnuda llanura, cruzada por una carretera, de origen y destino inciertos, cubierta por una copiosa nevada. 

Una imagen de 'Peripeteia'. Una imagen de 'Peripeteia'.

Una imagen de 'Peripeteia'.

Nadie abandona su tierra por gusto. Unos lo hacen porque en ella carecen de medios de vida, otros porque alguien los esclavizó y otros fueron expulsados o tuvieron que huir amenazados por defensores de alguna verdadera fe. En Auto de fe, Akomfrah medita sobre este fanatismo y rememora la fuga de los judíos de Bahía, los calvinistas de Bretaña y los cristianos de Mosul. El mar es en este filme metáfora de libertad, por su amplitud, pero también de incertidumbre, la que amenaza a los fugitivos. La imagen del mar cobra mayor relevancia en El vértigo del mar, una ambiciosa proyección en tres canales en la que el mar es a la vez prisión (la sufrieron los esclavos), signo de liberación y medio de enfrentamiento y lucha. Akomfrah toma imágenes del arte, de ciertas películas, de documentales de la BBC e incorpora filmaciones propias para construir una imagen épica de la naturaleza. Mucho más silenciosa es Peripeteia, una reflexión sobre dos dibujos de Durero, Cabeza de hombre negro y Retrato de una mujer africana, Katharina. Como esas obras pueden parecer perdidas entre los numerosos dibujos de Durero, el hombre y la joven que protagonizan el filme se antojan extraviados en una naturaleza nórdica.

La obra de Akomfrah, muy meditada, busca progresivamente una corrección formal cada vez mayor. Cuida encuadres y planos, música y textos elegidos, y desde luego la asociación poética de las imágenes. La exposición es más que satisfactoria, sobre todo si se toma la precaución de dedicarle el tiempo necesario, dada la duración de los filmes.   

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