Cultura

El lento aprendizaje

  • Un 'pack' del sello Emon ha rescatado más películas del Kieslowski previo al reconocimiento internacional

Que Kieslowski es más que el autor de El decálogo, La doble vida de Verónica y la trilogía Azul, Blanco y Rojo ya se pudo comprobar en España a través del pack de Vellavisión, ya descatalogado, que reunió algunos de los largomentrajes de ficción previos a sus filmes más reconocidos (y que, en el caso de Sin fin, El azar o El aficionado, eran y son fundamentales para entender su propuesta fílmica). Ahora Emon edita otros cinco trabajos inéditos aquí, remontándose hasta mediados de los años 70 en busca de los orígenes del estilo Kieslowski. Indudablemente se podría haber ido más atrás, a la primera raíz de su cine (sus muchos e interesantes trabajos en una determinada ortodoxia documental), pero se ha optado por atender mejor al siguiente escalón de su carrera, cuando el sustrato documental se abría a una mayor manipulación -el caso del docudrama El primer amor, 1974- o era ya la irrenunciable base de los distintos despliegues de una ficción por entonces abiertamente preocupada y crítica con la situación de un país, la Polonia comunista, herido por la escasez de libertades y el terror totalitario. Esta mirada a la espalda de lo que, a partir de su cine más popular, se ha considerado como lo esencial de la aportación de Kieslowski (el gusto por la densidad de parábolas y paradojas, el poderoso despliegue de una controlada imaginería que excita en el espectador una especial angustia por descifrar lo que cree una simbología unívoca) resulta muy útil para comprender que los estilizados signos de identidad del Kieslowski europeísta no fueron sino la desembocadura de un largo proceso creativo, pleno de dudas, correcciones y revelaciones, caracterizado por la enfrentamiento con las bondades y las servidumbres de controlar más o menos la realidad delante de la cámara. Más de 20 años de experimentaciones le costó a Kieslowski llegar a El decálogo, y ahí radica su dominio y maestría, inalcanzable para esos seguidores que siempre han pretendido nacer ya maduros al cine que roza el alma desde el artificio (y en España, por ejemplo, tenemos a Julio Medem para entender ese doloroso quiero y no puedo).

De esta manera, en los filmes que aquí se compilan hay trazos reconocibles del Kieslowski que será, pero también muestras de los caminos formales y argumentales que quedaron orillados, contribuyendo de otra forma a las elecciones finales del polaco. Entre los primeros, por ejemplo, podemos señalar el afianzamiento de la introspección moral en pequeños y claustrofóbicos microcosmos, una temática aún esculpida en planos ruidosos propios del cinéma verité y aledaños, en historias que empujan a sus personajes protagonistas a una difícil decisión -Personel (1976) y Paz y tranquilidad (1980), donde un joven y un hombre son puestos ante el mismo dilema, el de un beneficio personal que acarrearía un determinado mal colectivo; igualmente el mediometraje Pasaje subterráneo (1974), en el que un marido visita fugazmente a su esposa en espera de que ella haya reconsiderado su voluntad de divorciarse-. Casi todos los descartes expresivos y de contenido son absorbidos por Una jornada laboral corta (1981), un ejemplo de thriller à la Gavras -prolongando el esfuerzo previo de La cicatriz (1976)- que quedaría como una lejana constelación en su obra cuando Kieslowski renunciara a hablar explícitamente de política, harto de arremeter contra el muro comunista.

Director Krzysztof Kieslowski. Con Teresa Budzisz-Krzyzanowska, Jerzy Stuhr. Emon.

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