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La música de Manuel García vuelve al Maestranza

  • El teatro programa el domingo 'Un avvertimento ai gelosi' (Una advertencia a los celosos), que interpreta un brillante conjunto de cantantes españoles

La música de Manuel  García vuelve al Maestranza

La música de Manuel García vuelve al Maestranza

Este domingo, a las 20:30, la música de Manuel García volverá a sonar en el Teatro de la Maestranza, muy cerca de la casa natal del cantante, compositor, maestro de canto y empresario que tan alta fama alcanzó en vida como olvido sufrió durante más de siglo y medio tras su fallecimiento. El Maestranza, que bautizó hace ya muchos años a su sala de cámara con el nombre del músico sevillano, retoma así sus esfuerzos por dar a conocer esta música, tras el homenaje que se le tributó en el año 2005 con la representación de la ópera Don Chisciotte, el ciclo de conferencias y conciertos de ese mismo año, la recuperación de la ópera La mort du Tasse en enero de 2008 y la representación de la ópera de salón L'isola disabitata en febrero de 2010. Queda clara, pues, la voluntad del teatro sevillano por sacar a la luz y otorgarle la importancia que posee para el patrimonio cultural de Sevilla a la música de aquel rebelde que abandonó la ciudad a los dieciséis años para forjarse una carrera como cantante que le llevaría a ser considerado el mejor tenor de Europa en la etapa 1815-1825.

En esta ocasión, el Teatro de la Maestranza ha apostado por otra de las óperas de salón de García. Un avvertimento ai gelosi (Una advertencia a los celosos) fue compuesta en París en 1831, un año antes de su fallecimiento. Al menos así aparece en la primera página del manuscrito conservado en la Biblioteca Nacional de Francia, porque Teresa Radomsky, autora de la edición de la partitura y máxima conocedora de la música del sevillano junto a su hermano James Radomsky, piensa que hay indicios sólidos que apuntan a la posibilidad de que Manuel García realizase una primera versión en Londres en 1825 que luego modificaría en 1831. Entre 1826 y 1828 toda la familia García (Manuel, su esposa Joaquina Briones y sus hijos Manuel Patricio, María y Paulina), junto a otros cantantes italianos, se embarcaron en la insólita aventura de llevar la ópera por Estados Unidos y México, una tarea extenuante que obligó a Manuel a cantar, componer, montar y dirigir decenas de funciones. A su regreso a París en 1828 la voz estaba ya seriamente deteriorada y tras algunas representaciones tomó la decisión de abandonar definitivamente las tablas y centrarse en algo para lo que estaba también especialmente formado como era la enseñanza del canto. En su domicilio de la Rue des Trois Frères abrió una academia de canto que pronto se convirtió en la más prestigiosa de la capital francesa. Para dar la oportunidad a sus alumnos más aventajados de exhibirse ante el público, García compuso cinco óperas de cámara o de salón, concebidas con acompañamiento de piano y para un reducido número de personajes, dado que su destino era la representación en el salón de la propia academia.

A esta serie de últimas composiciones pertenece el título que el domingo se podrá disfrutar en el Teatro de la Maestranza. Basada en un libreto que Giuseppe Maria Foppa había escrito años atrás para Stefano Pavesi, Un avvertimento ai gelosi despliega la típica trama de enredos amorosos centrados en los infundados y enfermizos celos que Berto siente hacia su esposa Sandrina, quien decide darle una lección a su marido jugando al flirteo con el Conde Ripaverde y con Don Fabio, con las consiguientes escenas equívocas y el esperable final feliz. Como sostiene Teresa Radomsky, "García aprovechó las posibilidades que le ofrecía el libreto de Foppa para desarrollar números de conjunto: un dueto, un trío, un cuarteto y un extenso número final con los seis personajes en escena". Dado el destino didáctico de esta composición, en ella se pueden encontrar todos los rasgos del estilo belcantista que Manuel García enseñaba y por el que había sido internacionalmente aclamado como intérprete. Aquí encontraremos tanto el despliegue de una línea de canto basada en el legato y en la elegancia en el fraseo como todos los recursos expresivos y ornamentales que permitían una exhibición técnica espectacular. No se trata de una música fácil, como cabría pensar dado el carácter pedagógico de la misma, sino todo lo contrario, estamos ante una partitura sumamente exigente que sólo puede ser abordada por intérpretes en el pleno dominio de los secretos de esta escuela de canto procedente del barroco (García estudió en Nápoles con un alumno de Porpora), se desarrolla con Mozart (de cuyo Don Giovanni fue el intérprete por excelencia durante su carrera) y estalla con Rossini, de quien García fue principal valedor en ambas orillas del Atlántico.

Para la ocasión, el Teatro de la Maestranza ha recurrido a un brillante conjunto de jóvenes cantantes españoles comandados por el pianista de Barakaldo Rubén Fernández Aguirre, buen conocedor de la música de García por ser asiduo intérprete de sus canciones, haber dirigido la recuperación de L'isola disabitata y estar ya preparando el estreno para el próximo año en Madrid de Le Cinesi, otra de las óperas de salón del sevillano. Junto a él un estupendo equipo formado por la malagueña Berna Perles (quien protagonizará un recital en el Maestranza en febrero), la mezzosoprano Marifé Nogales, los tenores Gustavo Peña y José Manuel Guinot y los barítonos David Menéndez y Borja Quiza. Un espléndido conjunto para el reencuentro feliz de Manuel García con su ciudad.

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