Crítica de Música

La noche como escena musical

Siempre se espera con sumo interés la nueva visita de Enrico Onofri para comandar a la Orquesta Barroca de Sevilla, pues tanto por la originalidad de los programas como por la capacidad del italiano de galvanizar y excitar el fraseo del conjunto, sus conciertros dejan siempre un gran recuerdo. En este caso la OBS ofrecía un repertorio centrado en la evocación de los sonidos y las músicas de la noche, recorriendo prácticamente todo el siglo XVIII desde Biber hasta Mozart.

Con todo, no fueron demasiado felices los inicios con la Serenata del Sereno de Biber. Onofri comenzó con un sonido áspero y ácido, escasamente pulido, y con una articulación rígida que se transmitieron a una orquesta en la que se echó de menos la conjunción, el empaste y el sonido homogéneo de otros momentos. La pieza se salvó gracias a la graciosa participación de Casal, Martín y Rico entonando el canto del sereno a modo de cantus firmus sobre los pizzicati de las cuerdas.

Una original propuesta basada en los sonidos de la noche con irregular dirección de Onofri

Mejoró el resultado sonoro con la sinfonía de La Senna festeggiante de Vivaldi, resuelta por Onofri con riqueza de contrastes dinámicos y articulatorios entre los que cabe destacar la precisión y energía en los détachées en el violín de Onofri. Con la colaboración de Alexis Aguado, el concierto para dos violines de Barsanti sirvió para disfrutar de los perfiles virtuosísticos de ambos intérpretes en perfecta alternancia y con profusión ornamental por parte del italiano.

La temperatura subió aún más con el concierto La Notte de Vivaldi, en el que los repetidos efectos descriptivos prescritos por el cura pelirrojo recibieron una enérgica realización por parte de la OBS, ahora sí dueña de un fraseo bien conjuntado, preciso y rico en colores. Vicente Parrilla triunfó como solista con sus armas más conocidas: su amplio despliegue de fiato, su espectacular agilidad articulatoria y su inagotable creatividad ornamental que desafía la propia mecánica de la flauta de pico.

En formación de quinteto de cuerda con el refuerzo del violone, Onofri diseñó una versión muy contrastada, muy teatral, de la Musica notturna de Boccherini, que Onofri abrió con unos espectaculares pasajes a solo, de sonoridad casi salvaje en imitación de los tambores, para continuar con una gran lección de diversificación de las dinámicas en El Rosario y a unos ritmos bien marcados en el pasacalle siguiente, en el que se lució con soltura el chelo de Diana Vinagre.

No acabó de rodar apropiadamente el arranque de la serenata mozartiana, rígida y sobreornamentada, pero el Rondó se convirtió en una fiesta de divertidas cadencias solistas.

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