Cultura

Un nuevo nombre en el firmamento cantaor

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Un gran acierto del programador. Que se ve sobredimensionado por la falta de imaginación y riesgo en que parecen haber caído los ciclos permanentes de flamenco de Sevilla, léase Jueves Flamencos y Flamenco Viene del Sur. El acierto se llama Raúl Gálvez, un joven intérprete gaditano que atesora todas las virtudes del arte flamenco de esta tierra: un timbre bello y grácil, velocidad de voz, seguridad rítmica, ausencia absoluta de pedantería y emoción a flor de piel. Deliciosas resultaron para el respetable las malagueñas: la atribuida a Gayarrito, que tiene toda la fisonomía de Chacón, y la del Mellizo. Gálvez hizo gala de conocimiento de una tradición cantaora (Aurelio, Pericón, El Flecha) en relación a los cantes del matarife gaditano, suprimiendo todo el énfasis y demás excesos en los que suele caer la mayoría de los intérpretes actuales de este cante. Por alegrías hizo una variedad melódica asombrosa, lastrado por una guitarra perezosa, y por bulerías se mostró más convencional.

Juan Villar es un intérprete de sobra conocido por el aficionado, ya que hace años que se acoge a una fórmula fija en sus recitales. Sol y luna, una primera parte del recital grave y otra festera. Solvente en la soleá, aunque algo afixiado en el final de los tercios. En las seguiriyas optó por dos variantes muy bellas, pero que supieron a poco por la falta de un cante de cierre. Eléctrico y pleno de compás el acompañamiento del Niño Jero. Cerró la noche Lydia Cabello y su grupo con un baile fresco, sensual y con pretensiones escénicas, el espectáculo Maera vieja, la segunda propuesta de gran formato de esta compañía.

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