Cultura

Los nuevos aprendizajes de Fernando Romero

  • El bailaor comparte escenario hoy en Cajasol con su maestro Manolo Marín en 'Lección de vida y baile', un homenaje al veterano coreógrafo

Cada propuesta de Fernando Romero es "una aventura, porque es difícil que no se arriesgue", como señala Manolo Herrera, coordinador de los Jueves Flamencos, pero en su visita, esta noche, al ciclo de Cajasol el intérprete aparcará el virtuosismo y el riesgo de otras veces para un espectáculo más íntimo, Lección de vida y baile, en el que compartirá escenario con Manolo Marín en lo que se plantea como un homenaje a su maestro. "Aquí se sabe mucho de baile, pero no de coreografía", afirma el alumno, "y pasa un poco inadvertida la estela que ha dejado Manolo en este campo". Romero sentía que debía "reivindicar la figura de Manolo, para que no se olvide ni se pierda su labor", y ha concebido la actuación como "una lección magistral en abierto" en la que el veterano "puntualizará algunas cosas y dirá lo que piensa en el mundo de la danza flamenca". El discípulo que ha llegado a la cumbre -y que entre otros galardones cuenta con el Premio Benois que otorga el Teatro Bolshoi- y el profesor que ha enseñado a los grandes del baile prometen un diálogo pleno de emoción y sabiduría.

Romero, que estará acompañado del cante de Miguel Ortega y de la guitarra de Rafael Rodríguez, admite que cuando empieza a desarrollar una creación nueva "me gusta tener un guión, una estructura", pero en la preparación de Lección de vida y baile, reconoce, ha habido "cierto abandono. Me he dejado llevar por ellos". Y para este encuentro, el artista quiere que el trabajo de todos se muestre al público sin amplificadores, una idea para la que se inspiró en una sugerencia del cantaor Pepe Nieto. "La retina tarda en acostumbrarse si pasa de la luz a la oscuridad, y con el oído pasa lo mismo. Actualmente hay demasiado ruido", argumenta, "y yo quiero que se escuchen una guitarra sin amplificar, una voz sin amplificar, unos pies sin amplificar", expone. "Al principio, los primeros cinco minutos, quizás no se oiga, pero luego el oído se agudiza", cuenta Romero, que añade que al principio tuvo miradas de "escepticismo" cuando desveló su plan, "un ejercicio para que la gente tenga acceso a una voz y una guitarra excepcionales, al sonido natural de los pies, presentado todo de manera natural, porque lo cierto es que hay detalles que se pierden con el sonido. No es tener que contarle a la gente la vida en morse, no es tan extraño, se trata de bailar y sentir".

Lección de vida y baile permitirá a Romero, conocido también por sus incursiones en lo contemporáneo, reencontrarse "con un flamenco en el que venía pensando desde hace tiempo, que tenía muchas ganas de realizar", en un formato "muy cercano, quizás camerístico, pero muy humano. Los bailes no tienen escobillas, no tienen finales, no hay grandes momentos de cortes y palmas. Lo hemos dejado seco: parece un ensayo pero no lo es". El bailaor aparece en escena inicialmente conversando con Marín, y tras una serie de palos, el maestro le hará una serie de matizaciones. "Cuando le propuse esto, le dije: No te cortes. Si me tienes que decir algo en el escenario, dímelo. Esa sinceridad era vital. ¿Y quién mejor puede hacerlo que alguien que ha vivido en sus carnes a Carmen Amaya o a Antonio el Bailarín?", se pregunta el intérprete.

Marín, que cerrará el espectáculo bailando junto a Romero una rondeña compuesta por Rafael Rodríguez, "y si quiere nos hará algún regalito más", adelanta Romero, no parece apuntar un comportamiento muy exigente con su antiguo alumno. "Con lo que ha conseguido, ya no le puedo reñir como a un niño", sostiene alguien que aprecia las particularidades de cada bailarín por encima de la ortodoxia. "Yo respeto mucho la personalidad, eso que algunos podrían considerar defectos. A alguien a quien enseñas no le puedes decir que coloca los brazos mal, porque si es como Lola Flores, si tiene gracia, acabará haciendo de eso uno de sus rasgos". Marín, que aprendió "mirando por la ventana de la academia de Enrique el Cojo, y él me decía: Vete de aquí, que no entra el aire", guió entre otros a Cristina Hoyos, María Pagés o Rafael Campallo. "Toda la gente que está ahora arriba ha pasado por mi escuela", proclama con orgullo, aunque en su conversación aparezca cierto desengaño. "No me siento reconocido", expresa sobre la frecuencia con la que se recuperan coreografías suyas y la poca proyección que tiene su nombre, "pero amargado no estoy".

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