Cultura

Los toros y el palco ensombrecen el triunfo de Liria en Castellón

La despedida de esta plaza a Pepín Liria parecía importante razón para encauzar el festejo desde sus prolegómenos. Se notaba un ambiente a favor en el que Liria se encontró muy a gusto. Una primera faena que en otra plaza se hubiera resuelto con un indiscutible trofeo. Labor más que notable del torero y sobrada petición de oreja, pero el presidente se cerró en banda. Ahí cambió el sino de la tarde. Porque en el siguiente toro, en vista de cómo se había puesto el listón, ni Juan Bautista ni el público apretaron para descartar la posibilidad de la que debió haber sido segunda oreja en la tarde. Y para que aquello no tomara vuelo definitivamente los toros también aportaron lo suyo, en este caso por defecto.

Liria se llevó un trofeo del cuarto por una faena muy de su estilo, de más arrebato que sentimiento. Quede claro que la faena al toro que abrió plaza había tenido tintes artísticos, de mucha cadencia, gusto y relajo por parte del torero. El toro, por su parte, colaboró también de principio a fin. Un gran toro, que empujó en el caballo, que galopó y tomó con celo y mucha clase los engaños. Casta y temperamento. Toro importante. Liria le recetó lances muy bonitos en el saludo, aunque cuando la gente se calentó fue ya muy avanzada la faena, en un redondísimo abrochado con un rodillazo. La petición de oreja fue numerosa, y los pitidos al palco por denegarla, tan fuertes como la ovación que saludó el torero.

La faena al cuarto fue más incandescente, por un lado por el carbón que tenía el toro, y por otro porque los gestos del estilo de Liria, echándose de rodillas para las largas cambiadas y en la apertura con la muleta, amén de estar muy encima, despiertan especial vivacidad. Aquí paseó la oreja que le debió haber llevado a la Puerta Grande.

Bautista estuvo sólo discreto en su colaborador primero. En el quinto, se echó todavía más atrás. Jiménez sorteó el peor lote.

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