Crítica de Cine

La poesía, probablemente

Golshifteh Farahani y Adam Driver, la pareja protagonista del nuevo filme de Jim Jarmusch. Golshifteh Farahani y Adam Driver, la pareja protagonista del nuevo filme de Jim Jarmusch.

Golshifteh Farahani y Adam Driver, la pareja protagonista del nuevo filme de Jim Jarmusch. / D. s.

No le quedan muchos cineastas de mirada limpia y humanista al cine norteamericano. Jim Jarmusch es uno de ellos. Fiel a su estilo depurado, minimalista y conciso, más esencial si cabe con el paso de los años, el director de Bajo el peso de la ley, Dead man y Flores rotas no ha dejado de buscar la poesía en los rincones de lo cotidiano, entre los rescoldos de los viejos géneros clásicos del cine americano, bajo las formas suaves del homenaje a sus maestros de aquí y de allá.

En su indudable parentesco con Ghost Dog, en la que el samurái negro que interpretaba Forest Whitaker era capaz de percibir y alcanzar cierta trascendencia más allá de su rutina de asesino a sueldo, Paterson busca los destellos de una mirada poética al mundo entre el tráfico de las calles, los rincones pintorescos y los muros de ladrillo de las viejas fábricas de la localidad de New Jersey que le da nombre, también a su protagonista, una ciudad que aún recuerda las vidas de algunos ilustres ciudadanos (Lou Costello, Gaetano Bresci, Huracán Carter) y, muy especialmente, la del gran poeta William Carlos Williams.

Preciso en su manejo de los ciclos, las rutinas y las repeticiones como método narrativo y mecanismo para un particular y cálido sentido del humor elíptico, siempre atento a los pequeños misterios y relatos escondidos tras lo real, Jarmusch entrega a su conductor de autobuses poeta como una suerte de figura angélica y pura capaz de transfigurar el paisaje cotidiano, una insignificante caja de cerillas, por ejemplo, en la promesa del más trabajado y hermoso de los versos. Adam Driver encarna con su pausado tempo interno y su mirada siempre atenta e iluminada al bardo invisible sin ambiciones de gloria, al fiel compañero y amante de una mujer igualmente angélica (Farahani, aspirante a reina del cupcake y el country), al parroquiano de barra de bar que prefiere escuchar a los demás o lanzarse al rescate heroico de las damas antes que contar su propia vida.

No le quedan tampoco al cine americano cineastas capaces de filmar en igualdad, con limpieza y emoción encuentros y conversaciones entre un niño y un adulto, no digamos ya los diálogos secretos y elocuentes entre un perro y una persona, en la que se antoja la relación más cómica y determinante de la trama. Si ese cuaderno secreto de Paterson ha quedado hecho añicos, aquí está la película para preservar sus hermosos poemas para siempre, parece decir Jarmusch.

Paterson traza e ilumina una arcadia norteamericana tal vez soñada por sus poetas y sus artistas, un país en el que la bandera queda lo suficientemente lejos como para no entorpecer la mirada sobre la comunidad, el hombre y la belleza que aún le queda por compartir con los demás.

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