Cultura

Una tormenta después de la calma

  • La Casa Azul clausuró la tercera y última jornada del festival, en la que las propuestas más calmadas de The High Llamas y Soy un Caballo contrastaron con la invitación al baile de Guille Milkyway

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La tercera y última jornada en la IV edición del South Pop Festival dejó una impresión similar a la de una tranquila balsa de agua a la que de pronto llegan unos tipos con ganas de juerga. Algunos pueden ser más gamberros -Manos de Topo-, otros más juguetones -La Casa Azul- y otros miran desde el borde pero no se zambullen -Novö-. En cualquier caso, su actitud y su música contrastó de manera señalada, muy señalada, con el resto del cartel, entre lo exquisito -The High Llamas, Soy un Caballo- y lo voluntarioso -V.O., Centenaire- pero conectado todo por una singular concepción de la calma.

¿Son estos cuatro últimos grupos festivaleros? Depende de qué se entienda por tal o incluso de dónde se les ubique: la intimidad del Teatro Alameda, antigua sede del festival, desaparece al aire libre del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo. Que se lo pregunten a Boris Gronemberger, líder de la banda belga V.O., que arrancó su concierto aún a pleno sol -afortunadamente con un retraso menor que el de días anteriores- y ante escaso público. En esas condiciones, las delicadas virtudes de Obstacles, su hermoso segundo álbum, pasaron sin pena ni gloria.

Tampoco lo de Novö fue para tirar cohetes. El dúo de Toulouse es otra-banda-más en la presunta exploración de unos terrenos en realidad demasiado transitados, el del ruidismo eléctrico rock con uno o hasta dos pies en la electrónica, de ésas que terminan su concierto en una nube de distorsión...

Los también galos Centenaire son otra cosa, aunque su cosa -ensoñador folk-rock con despliegue de arsenal acústico y juegos de hasta cuatro voces- tampoco llegara a cuajar entre más allá de un mínimo y atento sector del público. Por contra, Manos de Topo, al igual que con su primer y único disco, Ortopedias bonitas, provocó cualquier cosa entre la entrega y el rechazo visceral, excepto indiferencia. Servidor reconoce que no puede con ellos, o más exactamente con el calculado histrionismo de su cantante. Lo que se dice un hype.

Con Soy un Caballo retornó la calma y, resultaba evidente, también la apatía de quienes estaban allí para escuchar otra cosa. Lástima, porque la propuesta articulada por Aurélie Muller y Thomas van Cottom es de una finura extraordinaria y su auténtico disfrute -disculpe que esté una y otra vez sobre lo mismo- se hubiera producido en otras condiciones bien distintas. Aun así, nos depararon momentos brillantes, entre otros el del final, cuando Van Cottom anunció que tenía dos regalos para el público: uno, un puñado de postales; el otro, la aparición sobre el escenario del que fuera productor de su álbum, Les heures de raison, el señor Sean O'Hagan.

La colaboración sirvió pues como puente hacia el concierto de The High Llamas, que marcó desde el primer momento distancia con todo lo anterior, como ya ocurrió el primer día con José González y el segundo con Barry Adamson. Con una banda impecable -incluso sin esa sección de cuerda, "demasiado cara", que en sus grabaciones resulta básica-, O'Hagan y sus compañeros repasaron durante una hora ese excelso repertorio de pop camerístico que atesora su discografía. Un gustazo.

Y tras toda la calma, claro, la tormenta. Menuda película se ha montado Guille Milkyway a cuenta de Eurovisión, una lección magistral para cualquier interesado en los nuevos modelos de negocio en torno a la música. Sus discos no serán superventas, de momento, pero su agenda se llena y su caché se multiplica.

Parte de las ganancias, supongo, se reinvierte en el atrezzo electrónico que permite a este hombre-banda la siempre peligrosa pirueta de llevar al directo aquello que se factura en la soledad del estudio, y que en su caso, es bien sabido, combina desde el bubblegum-pop al pop con espíritu anime. Quien entra en su juego lo disfruta al máximo -¿incluidos los baladones a piano solo?-; el resto huye (mi límite fue la versión de Love is in the air).

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