Cultura

Tres universos para Jerez

Mujerez. Cante: Tía Juana la del Pipa, Dolores Agujetas, La Macanita. Guitarra: Moraíto, Diego de la Agujetas. Palmas: Chicharito, El Bo. Palmas y baile: Luisa Soto, Tía Curra. Dirección artística: Alfredo Benítez, José María Castaño, Gonzalo López. Lugar: Teatro Lope de Vega. Fecha: 24 de septiembre. Aforo: Lleno.

Segunda noche dedicada al cante jerezano de lo que llevamos de festival, en este caso dedicado a la mujer. No obstante hablamos de repertorios comunes para hombres y mujeres y conformados en su mayor parte por las figuras de Manuel Torre, Tío José de Paula y otros genios jerezanos. Por ejemplo las tonás: en la serie Rito y geografía del cante la Tía Anica la Periñaca canta martinetes, aunque señala que este cante nunca lo han cantado en Jerez las mujeres. Anoche lo cantaron tres mujeres y, en concreto, la actuación por este palo de Dolores Agujetas fue lo mejor de la noche.

Son tres cantaoras de muy distinta sensibilidad, temperamento y expresión, y la fórmula de espectáculo colectivo las constriñe de una forma evidente, nos les deja dar de sí todo lo que tienen. Pero es lo que hay: un espectáculo civilizado para la escena de tres voces muy singulares, únicas, cada una a su forma. Tres formas de entender el cante de Jerez, un mismo repertorio. Tres universos en una sola ciudad. Flamenco civilizado, que no es poco, comparado, por ejemplo, con el desfase que fue La uva y el cante la semana pasada. Pero esa civilización conlleva sus pérdidas, como decimos más arriba.

Por ejemplo: Juana la del Pipa es cantaora de pellizco inmediato y único, mientras que Dolores Agujetas hubiera necesitado de un par de números más para dar toda la medida cantaora que posee. Con todo, fue lo mejor para mi gusto, no sólo en el martinete, también en la seguiriya. Esta familia posee una capacidad expresiva inmensa, a la que Dolores suma de su propia cosecha un gran dramatismo e intensidad personal. En su voz caben el intimismo del llanto y la ira del grito, una extraña dulzura mate y un turbión arrollador.

La Macanita estuvo más concentrada y entregada que en sus últimas comparecenias sevillanas lo cual redundó en una mejor afinación y grandes cotas cantaoras en los estilos por soleá, sobre todo en las formas cuya fisonomía actual fue configurada por Fernanda de Utrera. Posee un timbre vocal delicioso, pleno de colores y apostó, con buen critero, por estilos de gran riqueza rítmica.

Y la Tía Juana la del Pipa, ya lo he dicho: esa portentosa voz rota que es un trueno que se traduce en diversos estilos pero que en el fondo es un único estado de ánimo. Moraíto como acompañante de lujo estuvo tan preciso y brillante como en él es habitual

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