festival internacional de danza

El viaje a los orígenes de Hervé Koubi

  • El coreógrafo francés llega por fin a España, tras su fenomenal éxito, para contar la historia de su vida en 'Ce que le jour doit à la nuit'

Hervé Koubi, francés de nacimiento, es licenciado en Farmacia y coreógrafo. Comenzó bailando en Cannes y en 2000 presentó su primer proyecto como creador, El Golem. Lo que nunca había sospechado hasta pasados los 25 años es que, como tantos otros jóvenes de ojos azules del sur de Francia, sus orígenes estaban en Argelia. Cuando lo supo emprendió un viaje. "Iba a la búsqueda de mi identidad. Yo no hablo ni una palabra de árabe, ni mis padres me habían dicho nada, pero cuando pregunté por mis abuelos y empecé a ver fotos, me di cuenta de que todos habían nacido en el norte de África. Luego, cuando le conté mi historia a un joven estudiante argelino que estudiaba francés, éste me dijo que tenía que leer el libro Ce que le jour doit à la nuit (Lo que el día debe a la noche). Lo leí y descubrí con sorpresa que en él se describe mi propia historia, la de mi padre (que procede de Orán, donde se desarrolla la novela), la de mi abuelo...", cuenta él.

Efectivamente, Ce que le jour doit à la nuit, el espectáculo que Hervé Koubi presenta hoy en el Teatro Romano de Itálica, con carácter de estreno en España, toma el nombre de la novela homónima de Yasmina Khadra, nombre que significa en árabe jazmín verde y que es el pseudónimo del escritor argelino Mohammed Moulessehoul, actual director del Centro Cultural de Argelia en París. El libro trata sobre la amistad entre las personas de distintas culturas a través de una conmovedora historia de amor y transcurre entre Francia y Argelia, desde 1930 hasta la actualidad. En 2012, el director de cine Alexandre Arcady la convertiría, con el mismo título, en una película de éxito.

La obra tuvo su germen en la lectura de 'Lo que el día debe a la noche', el libro de Yasmina Khadra

Koubi, por su parte, comenzó en 2009 el trabajo de contar con la danza esta aventura, adoptando, con distancia, el punto de vista del héroe de la novela en cuanto explorador de su propia historia. Para ello, cuenta, "en 2009 puse un aviso en las redes sociales y reuní a una docena de bailarines -todos hombres- de danza urbana de Marruecos, Argelia y Burkina Faso con los que formé un primer equipo que duró siete años y que luego sufriría algunos cambios. Con ellos, unos autodidactas que utilizaban otras maneras de expresarse muy diferentes de las mías, más académicas, emprendí un largo viaje que, necesariamente, había de conducirnos a otro lugar. Un viaje dancístico y humano hecho de idas y venidas de una orilla a la otra, de una religión a la otra, entre Oriente y Occidente. Un viaje en el que no tengo la impresión de haber cambiado a nadie, si bien es cierto que hemos logrado que los bailarines bailen músicas sagradas tanto de Oriente como de Occidente [la Pasión de Bach, sin ir más lejos]. Además, lo que vais a ver en el espectáculo tiene una escritura contemporánea, no es ya hip-hop ni nada parecido. Las únicas técnicas que hemos utilizado de esta danza urbana son las grandes figuras cabeza abajo con los pies en el aire y la acrobacia que ellos dominan y ejecutan de una forma muy natural. Creo que el resultado es muy coherente".

El creador, que al igual que el protagonista del libro huye de cualquier maniqueísmo y de cualquier visión reductora de las culturas en las que se mueve, ha realizado con sus bailarines en estos ocho últimos años la escalofriante cifra de 300 representaciones. Increíblemente, sin embargo, es la primera vez que pone un pie en España con su compañía, auque reconoce que Andalucía es un lugar que le fascina precisamente por esa mezcla de culturas que la caracteriza.

Preguntado por la receta de su éxito en un momento tan difícil para disciplinas como la danza, el coreógrafo responde: "El primer ingrediente es el tiempo. Siempre se necesita tiempo para caminar junto a los bailarines hacia alguna parte que no sea ningún lugar preconcebido. Y luego una gran dosis de amor para no romperlos ni transformarlos, sino para dejar que se expresen con libertad y con el mayor respeto por el trabajo de todos".

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