Análisis

Roberto Pareja

Ahogados en su vómito

El sálvese quien pueda sigue retumbando cual martillo pilón entre las filas independentistas desde el minuto de gloria de esa fugaz república catalana que surcó como un viento helado la península ibérica hasta que asumió su verdadera condición, la de tormenta en un vaso de agua, mientras se consuma el trasvase nominal de rebeldes con causa a pollos sin cabeza.

No se trata de faltarles al respeto a los artífices del desaguisado, ya lo hacen muy bien ellos solitos al comparar a España con un Estado del medievo sólo por revolverse (con algún exceso, ¿no Zoido?) contra el intento de hacerte un mapa en la cara. O al constatar el mísero reconocimiento que han encontrado extramuros con un farol que sólo ha engendrado división y pobreza. O al atribuirse estos exiliados de lujo esa noble condición causando sonrojo en el más generoso de los casos y una punzante rabia al compararlos con los fetén, los del franquismo o el terrorismo etarra.

Estos pollos sin cabeza hicieron las cuentas de la lechera y la vaca, como ellos, tenía la sangre de horchata. La desbandada la comandó Artur Mas. El muñidor del procés se fue a casa con el rabo entre las piernas a la espera de chupar banquillo. Dejando una estela de ex consellers, ex responsables del Parlament, ex líderes municipalistas y otros pesos pesados del dislate que al ver las orejas al lobo de la cárcel cambiaron sus rugidos por balidos y maquillaron como pudieron su falta de coraje. Punto donde brindo por Junqueras, que al menos tiene lo que hay que tener.

Las ratas siguen abandonando la nave mientras nuestro Schettino a la catalana sigue con su deriva y quema las suyas en Bruselas, muy metido en su papel, cada día más mojado y tan empapado de odio a España que hasta da lástima el merluzo sin honra y sin barco.

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