Análisis

joaquín aurioles

Andalucía, año nuevo

Aprincipios de 2016, la mayoría de los expertos vaticinaba un debilitamiento de la actividad económica en Andalucía. El Observatorio Económico de Andalucía anticipaba un crecimiento del 2,3% para el año que acaba de finalizar, aunque dentro de una amplia horquilla entre el 2 y el 2,8%, indicativa de un alto grado de incertidumbre. BBVA Research y Analistas Económicos de Andalucía eran más optimistas y fijaban sus estimaciones en torno 2,8%, pero todos trasladaban el convencimiento de que se mantendría la creación de empleo durante un par de años, aunque a un ritmo insuficiente como para que la tasa de paro pudiera situarse por debajo del 25% antes de finalizar 2017.

Los datos de la contabilidad regional de Andalucía confirman que las previsiones eran acertadas para los dos primeros trimestres del año (caídas de 9 y 5 décimas en el nivel de actividad en relación con 2015), pero a la altura del verano, y a pesar de que nadie había ponderado sus previsiones con el riesgo de desestabilización atribuible al rifirrafe político durante casi todo el año, la mayor parte de ellas debieron ser revisadas al alza. El viento de cola, que tan favorablemente había impulsado al conjunto de la economía española durante 2015 (estímulos monetarios y precios del petróleo, básicamente), se mantuvo inalterado durante 2016, pero además confluyeron otras circunstancias. El turismo volvió a asumir el papel de locomotora que ya había realizado en otras ocasiones críticas, presentando registros desconocidos hasta el momento. Por su parte, la construcción, que mantiene indicadores negativos sobre la evolución de la actividad, ha comenzado a presentar señales convincentes de la proximidad del final en el severo ajuste realizado durante la última década. Por último, las dudas sobre si el sector exterior mantendría el vigor con el que ha impulsado el despegue de la economía, gracias a la mejora de la competitividad, han quedado definitivamente despejadas.

El tercer trimestre se cerró con un crecimiento del 1,1%, similar al del año anterior, pero las perspectivas para el cuarto son mejores, por lo que no se puede descartar que finalmente la economía andaluza cierre 2016 con un crecimiento superior al 3%, mejorando las previsiones más optimistas y a pesar de la inestabilidad política en España y de la parálisis gubernamental en Andalucía.

Tomando a España como referencia, los aspectos negativos del balance se resumen en que volvemos a crecer menos, alargando el periodo de no convergencia (el PIB por habitante en Andalucía volvió a situarse por debajo del 74% de la media española en 2015) y que los principales frenos al crecimiento son el sector público, cuya demanda se ha venido debilitando a lo largo del año, y la inversión que, en contraste con lo observado en España, ha vuelto a tasas negativas durante el tercer trimestre. La impresión es que Andalucía genera menos confianza para la inversión que el resto de España, aunque probablemente se trate de una situación transitoria que puede ayudar a transformar el mayor esfuerzo competitivo que actualmente realiza la comunidad y que explica la mayor contribución de la demanda externa al crecimiento.

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