Permítanme que huya un momento del monotema. Mientras escribo estas líneas La aventura del saber celebra sus 25 años de emisión ininterrumpida y su edición número 4.000. Y yo me digo para mis adentros: "cuánto esfuerzos tirados por la borda". Para entendernos, el programa divulgativo es la cara B de Saber y ganar, el más visto de la cadena.La aventura del saber, injustamente, lleva siempre el farolillo rojo. En el mejor de los casos, congrega un 1% de la audiencia matinal. Eso cuando no se queda en un 0,5%, lo que traducido a espectadores supone que unas mañanas lo vean 12.000 personas y otras el doble.

¿Por qué, cuando se estrenó en 1992, La aventura del saber no comenzó a emitirse por la tarde? Es verdad que por aquel entonces los sacrosantos documentales de la sobremesa, como los dinosaurios, ya estaban allí. Pero no habría habido problema en hacerle un hueco a la hora de la merienda. Porque, paradójicamente, La aventura del saber, espacio coproducido entre el Ministerio de Educación y TVE, no es lo que muchos imaginan. En un principio, sus impulsores lo vendieron como un material valioso para ser visto y compartido en las aulas. Pero era tarde. Esta declaración, 30 años de la Televisión Escolar, a las puertas de Internet, llegaba un poco tarde.

No conozco ni un colegio ni un instituto, menos una universidad, que siga con cierto orden el programa. Que es, ante todo eso, un programa de televisión dirigido a los espectadores que están en su casa. En ese sentido, La aventura del saber es magacín cultural ciertamente ameno y divertido, gracias al brío que le ha sabido imprimir su director-presentador Salvador García Valdés. Durante 15 años lo presentó María San Juan. Más tarde Rosa Correa y María José García. El lunes llegará la edición 4.001, como si nada, e injustamente la verán sólo 15.000 españoles. No saben lo que se pierden. De verdad.

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