Crónica Personal

Bildu, un cartucho de dinamita al PSOE

Futuro. Sólo Pedro Sánchez puede virar el rumbo del PSOE tras su pacto con la formación 'abertzale' y las críticas altisonantes de dirigentes socialistas asqueados con esta decisión

Bildu, un cartucho de dinamita al PSOE Bildu, un cartucho de dinamita al PSOE

Bildu, un cartucho de dinamita al PSOE

EL acuerdo que se trabajó personalmente Pablo Iglesias para que Bildu votara a favor del PSOE en el debate sobre las enmiendas a la totalidad a los Presupuestos ha conseguido lo que hasta ahora no habían logrado iniciativas muy polémicas del Gobierno Sánchez: que el extremeño Fernández Vara fuera inmisericorde con el pacto con Bildu, confesara públicamente que tenía una sensación dolorosa, que el acuerdo le producía náuseas y que consideraba que para España suponía "un fracaso como país".

Antes de que Sánchez recuperara la Secretaría General del PSOE de la que fue expulsado por sus compañeros, y ganara las primarias a Susana Díaz, cuatro dirigentes regionales se mostraban absolutamente críticos con él: el manchego García-Page, el valenciano Puig, el aragonés Lambán y Vara.

Una vez que ganó las primarias y el Gobierno, sólo Page y Lambán fueron abiertamente críticos con el presidente cuando tomó decisiones que iban en contra de sus principios, la mayoría por el acuerdo de coalición con Podemos. Los silencios de Vara eran atronadores, inexplicables para muchos socialistas que no ocultaban su preocupación por la deriva del Ejecutivo.

Ese silencio se ha roto y ha sido como un aldabonazo que en La Moncloa no se escucha -Sánchez hace oídos sordos a todo lo que lo incomoda- pero sí ha causado desazón en socialistas que llevan días preguntándose qué se puede hacer para impedir que el Gobierno siga tomando posiciones que forman parte de lo que siempre ha defendido Podemos... pero no el PSOE. Estos días se han reproducido hasta la saciedad declaraciones de Sánchez, José Luis Ábalos y Carmen Calvo en las que abominan de posiciones que sin embargo ahora no sólo aceptan sino que promueven, pero es sabido que a Sánchez no le importa nada la hemeroteca, le tiene sin cuidado. Cuentan sus allegados que cada vez que escucha aquello de que jamás pactaría con Podemos porque le quitaría el sueño tiene que disimular la rusa.

El viaje a la paz

Tres han sido las iniciativas que han supuesto un cartucho de dinamita en el PSOE. El PSOE de hoy es sanchista a machamartillo porque ya se ha ocupado Sánchez de deshacerse de dirigentes incómodos -su próximo objetivo es Susana Díaz- y de promover figuras de pasado irrelevante hasta que él los ha elevado a puestos ejecutivos o ha promovido en las listas al Congreso y Senado.

Esas tres iniciativas han sido de Pablo Iglesias y Sánchez las ha abrazado. No se sabe si con entusiasmo, pero las ha abrazado. Una, la eliminación del castellano como lengua vehicular en la enseñanza; dos, que Iglesias acompañara al Rey a Bolivia para la toma de posesión del nuevo presidente; tres, y la causante de la mayor irritación, acordar con Bildu el apoyo a los Presupuestos.

Como era previsible, Iglesias no se comportó en La Paz como debe hacer un miembro del Gobierno que forma parte del séquito oficial que acompaña al Jefe de Estado. Organizó un programa propio de entrevistas y firmó un manifiesto de ex presidentes -la mayoría del populismo de izquierdas- alertando sobre los peligros de la extrema derecha. La eliminación del castellano como lengua de obligado conocimiento no sólo ha revolucionado a la clase política, también a la educativa y cultural, pero ha sido el acuerdo con Bildu lo que ha provocado movimientos internos en el PSOE, y en el Gobierno, de imprevisibles consecuencias.

Ex dirigentes como José Luis Corcuera, Nicolás Redondo Terreros o Paco Vázquez, muy activos en medios de comunicación, podrían estar detrás de un grupo de socialistas de amplia trayectoria que quieren promover un movimiento, o al menos un manifiesto, en el que se marquen distancias con el Ejecutivo de Sánchez por traspasar líneas que jamás traspasaría un socialista. Pactar con el partido que tiene como origen una banda terrorista que ha asesinado a casi 1.000 personas, entre ellos dirigentes y militantes socialistas, ha revuelto sus conciencias.

Además de estas iniciativas, en el Gobierno ya suenan voces que hasta ahora estaban calladas. Finalmente ha sido Margarita Robles la que ha decidido sacar lo que llevaba dentro: frente a la versión de La Moncloa de que Iglesias tomó decisiones en Bolivia a título personal, la ministra de Defensa explicó que cuando se forma parte de una delegación oficial no se habla a título personal. Robles entró en otra cuestión que centraba el debate político en ese momento, cuando todavía no se había concretado el acuerdo con Bildu: la creación de una comisión de la verdad en La Moncloa para detectar noticias falsas o informaciones inconvenientes. Explicó la ministra que "a ningún gobierno le corresponde velar por lo que dicen los medios" y que "deben ser los propios medios de comunicación los que desde su responsabilidad, vigilen y valoren su lo que están publicando está contrastado y es cierto".

Echar a Pedro Sánchez

A Sánchez le ha tenido sin cuidado la polémica sobre el control de las informaciones, que por otra parte era algo que Podemos defendía desde sus inicios; en ese sentido Iglesias no engañó a nadie, aunque sí lo ha hecho el presidente, pues pertenecía a un partido que defendía la libertad de expresión. Sí le han afectado las arremetidas por el acuerdo con Bildu, así que La Moncloa se apresuró a elaborar un argumentario para defenderse de las acusaciones que le llegaban desde todos los medios, incluidos los afines, y desde algunos de sus miembros más destacados que no han tenido empacho, esta vez sí, en criticar abiertamente un pacto que les parecía grave y doloroso.

El argumentario recogía que para el Gobierno, que piensa en lo mejor para los españoles, era fundamental aprobar las cuentas para luchar contra la pandemia y contra la crisis económica; segundo, que Bildu es un partido legal y, por tanto, se puede pactar con ellos.

Fácil de desmontar ese argumento, como han hecho el PP, Cs y otros partidos: no hacia falta pactar con Bildu, porque Sánchez contaba ya con los votos suficientes, entre ellos los 10 de Cs; segundo, Bildu es un partido legal, pero su origen es una banda y es obligado actuar con esas premisas. Para ahondar más, uno de sus parlamentarios declaró que Bildu quiere ir a Madrid "para tumbar definitivamente este régimen".

La situación que inquieta a tantos españoles sólo podría reconducirse con unas elecciones, que Sánchez no tiene intención de convocar. Y, aun así, la división de la derecha casi le garantiza que volvería a ganar. Un análisis en el que coinciden incluso esos socialistas que se mueven para intentar el relevo de Sánchez. No lo tienen fácil incluso si fueran capaces de crear un PSOE dentro del PSOE para recuperar las esencias del partido: los que pueden no tienen ganas de ir más allá de declaraciones de denuncia. A Sánchez sólo puede hacerle cambiar de rumbo el propio Sánchez y sólo lo puede echar el propio Sánchez. Lo segundo ni se le pasa por la cabeza, y lo primero está por ver si lo tiene en mente.

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