Análisis

Antonio Sempere

Casa de herrero

Al grano, no me andaré con rodeos. Las misas que diariamente ofrece Trece (antes 13 TV) son completamente antitelevisivas. Y eso es pecado mortal en un medio audiovisual. Harían bien los responsables de sus rutinarias transmisiones en estudiar cómo llevan a cabo las eucaristías sus compañeros de TVE. Las comparaciones son odiosas y en este caso las misas de Trece no las resisten. Están, por desgracia, al nivel de las de cualquier voluntarista televisión local, con todo el respeto hacia las locales. En casa del herrero, ya se sabe. Las misas diarias de Trece no alcanzan los mínimos exigibles a una transmisión de 2018. Para empezar, la parte musical, fundamental en la celebración, se soluciona con música enlatada, que el ayudante corta abruptamente cada que tiene que dar paso al celebrante. Sin miramientos. Con tosquedad.

La realización es plana, estática, rutinaria. Sin ninguna concesión. Y por si fuera poco, la asistencia es tan escasa que cuando el realizador nos ofrece planos del público dan ganas de lanzar una convocatoria para captar 'figurantes' que compensasen esa imagen desoladora. Los directivos de la cadena, quienes quiera que sean, deberían tomar nota de mi ruego y poner los medios para dignificar la retransmisión. Con que sea televisiva nos conformamos. Si tienen alguna duda, seguro que los compañeros de TVE se las aclaran con gusto. Comprendo que los jefes deben estar contentos habida cuenta que con la sola emisión de media docena de westerns y 'El cascabel' son capaces de lograr una cuota de pantalla diaria superior a muchas cadenas, (incluida La 2). Pero alguien desde la Conferencia Episcopal debería decir algo a propósito de estas pobres misas. Pobres, pobres.

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