Análisis

Pilar Cernuda

Todos contra Casado

Vox tiene su público incondicional, que se incrementará con la virulencia de Abascal

Ocurrió exactamente lo que se creía que iba ocurrir: la moción de censura de Vox, al menos en el primer día, ha hecho un favor a Pedro Sánchez y deja tocado, si no maltrecho, a Pablo Casado, a quien Santiago Abascal le auguró los males del infierno si no la apoyaba -"perderá quien no apoye la moción contra el Frente Popular", le dijo- y Sánchez le empujó a que vote no para alejarse de la ultraderecha, aconsejándole que "rompa con la ultraderecha como ha hecho Merkel". Una papeleta para Casado, porque si finalmente vota no, como le pide un número destacado de miembros de su partido, ya tiene Abascal la campaña contra el PP, a la que ya puso el hiriente calificativo de "la derechita cobarde".

El candidato Santiago Abascal estuvo exagerado en todo: en el tiempo de intervención, de más de dos horas y en la reiteración de los mensajes, sobradamente conocidos. Aprovechó la ocasión para hacer un spot publicitario sobre el sindicato que acaba de crear Vox, Soldaridad, mientras acusaba a los ya existentes de no defender los intereses de los trabajadores. El Gobierno de Sánchez es de "revolucionarios y golpistas", sacó a colación la política de la Unión Europea, China y el virus, el desastre de las autonomías, la Monarquía, Ábalos y Delcy Rodríguez, un totum revolutum en el que era difícil sacar algo en claro. Mucho "hay que" y pocos "cómo hacerlo", con iniciativas que suenan bien pero que no se sostienen: desde propuestas similares a las de Trump respecto a los inmigrantes, a retirar subvenciones a partidos y sindicatos, recuperar competencias autonómicas o bajar todos los impuestos. El exponer un proyecto de gobierno pero sin explicar cómo se pueden concretar las promesas, suele ser un pecado en el que caen los que consideran que con la demagogia se ganan elecciones. O mociones de censura.

Eso dio a pie a Pedro Sánchez a mostrarse más soberbio de lo habitual, sobrado, displicente, hasta el punto de presumir de la gestión de la pandemia y dedicando elogios al trabajo de Pedro Simón. Incluso se puso medallas por haber creado el Ingreso Mínimo Vital para paliar los efectos económicos de la pandemia, sin hacer la menor alusión a que por problemas burocráticos solo el 6 por ciento de quienes lo han solicitado han tenido respuesta afirmativa.

La moción de censura de Vox la ha tomado Sánchez como una oportunidad de sacar pecho frente a un candidato de extrema derecha al que desprecia y un líder de la oposición que, era unánime la predicción desde días atrás, iba a ser el único perjudicado por la moción.

Vox tiene su público incondicional, que posiblemente se incrementará tras la virulencia del discurso de Abascal. Pero lo que pretendía, abrir una brecha en un sector de votantes del PP, no es descartable. Porque ante una situación devastadora como la que están viviendo pueden sentirse identificados con el tremendismo de Santiago Abascal.

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