Análisis

José Ignacio Rufino

¿Contentos en el furgón de cola?

Andalucía, otra vez considerada por la UE una región en desarrollo, pero aún 'objetivo prioritario' de la mismaSiempre bajo el límite de converger, parecemos preferir la ayuda europea al crecimiento

Cuando este grupo editorial de origen gaditano -en Cádiz, Jerez y el Campo de Gibraltar cuenta con los tres periódicos de referencia, ya en la misma órbita que otras seis cabeceras provinciales andaluzas- decidió emplear parte de sus centenarios recursos propios en una expansión territorial con el inédito modelo de redes de diarios provinciales en una comunidad autónoma, la compañía no sólo respondía al clásico dilema de las empresas familiares en un estadio crítico de su ciclo de vida, ése que las pone en el brete de crecer, vender… o morir. También respondía a la voluntad y la necesidad de vertebrar la región en la medida en que la prensa puede hacerlo, en una comunidad autónoma aquejada secularmente del atraso histórico, que se quedó atrás en el cambio radical en el reparto de las actividades RENTABLES -que hacía décadas que dejaron de ser las del sector primario, para transferirse al secundario y al terciario-, castigada también por las decisiones políticas -incluidas las de la larga dictadura franquista- acerca de qué regiones primar y proteger de la mejor competencia extranjera de sus mismos productos industriales: el criterio de acallar el rentable nacionalismo rico tan propio español postergó a Andalucía a la prostitución de su folclore, que se convirtió en el que España ostentaba y exportaba; en un simpático erial donde, con las consabidas honrosas excepciones, se cronificó la desigualdad indolente, sobre todo en el medio rural.

Traigo a colación esta estrategia de crecimiento porque corre bastante pareja, con una década de decalaje, a la entrada de la España autonómica en la que hoy es la UE (la adhesión de España a la CEE se firmó en 1986, la salida desde Cádiz de Joly comienza en 1998, y uno ha vivido ambas cosas en primera persona, como andaluz y como colaborador). En este periodo, Andalucía ha conseguido en buena medida rehabilitar su identidad, a pesar del apriorismo ignorante que achaca el atraso andaluz poco menos que a la genética. También no pocos logros en asuntos que en otros territorios estaban mucho más asentados: educación, sanidad, infraestructuras. Andalucía ha crecido notablemente, pero no ha convergido, o sea, no ha recuperado el terreno secularmente perdido (se converge creciendo más que la media de los demás territorios del marco comunitario, cabe recordar). Y no ha dejado de estar entre las regiones más pobres de la UE, incluso creciendo a buen ritmo su PIB y, a veces, su empleo, por no decir su dotación infraestructural (carreteras, puertos, aeropuertos, sistemas hidráulicos y de protección ambiental, etc.). Sin embargo, los resultados agregados de este periodo no caben ser evaluados más que como decepcionantes, muchos menos que óptimos, muy mejorables, pobres o insuficientes: elija usted. El dato más contundente que avala esta crítica es el siguiente: a Andalucía ha llegado más dinero, en términos absolutos y en parte también per cápita, que a la inmensa mayoría de las regiones objetivo de la Unión Europea. Casi 110.000 millones en el periodo mencionado. Casi cuatro veces el presupuesto de ésta que es una de las regiones más grandes y pobladas de Europa. Pero sigue entre las más pobres, lo cual, no lo dejemos de lado, implica seguir recibiendo más ayudas europeas). La Junta de Andalucía, siempre con el PSOE gobernándola en estos treinta últimos años, debe hacer mucha más autocrítica y dejar de agarrarse a la reclamación de una "mejor financiación". Porque ya vemos que el votante andaluz es terco en su preferencia y no cotiza estos datos que mueven a la decepción. En esto tienen que ver el peso de lo público, la inyección de dinero en las rentas familiares, y unos servicios públicos decentes en las zonas rurales donde al empleo no se lo espera. ¿Dame pan y dime tonto?

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