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Cuando un concurso no funciona, se ve a la legua. Se palpa en la pantalla. Y Crush, subtitulado La pasta te aplasta no va a durar ni dos telediarios en el horario estelar de la noche de los viernes en La 1 ¿Qué falla en el formato? Resumiríamos certeramente si afirmásemos que todo falla. Pero pormenoricemos las causas del desastre...

Bajo un envoltorio aparente, y un decorado brillante se esconde la nada. La puesta en escena es tan fastuosa como inocuo el contenido. Al contrario que en Saber y ganar (humildísimo decorado en donde lo que prima es la empatía que se genera entre el espectador y el concursante), en Crush nada importa nada. El presentador, Juanma López Iturriaga, no parece cómodo en el espacioso plató. Los famosos que apoyan a los equipos se limitan a cumplir el papel de comparsas. Pero lo peor es que la mecánica no genera en ningún momento el interés necesario para que las pruebas, preguntas fundamentalmente, se sigan con un mínimo de suspense.

Mediado el juego, no queda muy claro qué es lo que se gana o lo que se pierde. Más que llegar a una anunciada final que tampoco genera suficiente expectativa. El equipo ganador podría llevarse un botín de 30.000 euros, pero desde casa esto no es estímulo suficiente para seguir con un mínimo de atención lo que sucede en un plató en donde las emociones parecen completamente ausentes.

Lo más curioso de la noche del estreno fue el mamporro que se dio una concursante intentando llegar al punto donde debía. Algo así como aquella caída de Mayra Gómez Kemp en un especial de Nochevieja pero a lo grande. Las cajas fuertes que presumiblemente aplastan están huecas. Y así las ve el público. Se nota. Huecas como todo el concurso.

Tan aparatoso por fuera como desprovisto de chicha y enjundia. Crush hace honor a su nombre. Menudo batacazo, otro más, de La 1.

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