Gafas de cerca

José Ignacio Rufino

jirufino@grupojoly.com

Dinero de válvula

El Gobierno socialista de Pedro Sánchez estudia asumir deuda autonómica y abrir la posibilidad de mayor déficit públicoLa condonación de deuda autonómica favorece a Cataluña y aumentará el déficit: se veía venir

Si hay una frase trillada en política es la de aquel asesor electoral de Clinton que dijo: "¡Es la economía, estúpidos!". En modo más castizo, un profesor grabó una frase en mi vademécum de sentencias: "Pesetas, y lo demás, galletas". Elevando el listón, Marx y Weber diferían esencialmente en la misma cuestión ontológica: mientras Karl Marx sostiene que es la lucha de clases y, por tanto, la economía el motor de la historia (como el mencionado asesor, James Carville, y mi profesor de contabilidad), Max Weber parte de que el individuo, su mente, sus ideas y sus construcciones mentales y morales son el origen de las estructuras sociales y económicas, y no al revés. Planteemos aquí una pregunta para enfocarnos: ¿cuál es el núcleo motriz del independentismo catalán -y seleccionemos sólo dos variables-, la economía o la palanca identitaria y nacional? O sea, ¿es la pela en su doble vertiente de querer ser más ricos a solas y de supuesto expolio español con las balanzas fiscales como argumento técnico? ¿O es la cosa epidérmica, historicista, melancólica, el paquete completo de mitos, leyendas, héroes, agravios, banderas, himnos, butifarra amb mongetes y otros ingredientes de la diferencia excluyente que, como en el caso del actual president Torra, germinan el huevo del racismo y el odio, en este caso, al español? Es evidente que de todo hay. Particularmente, doy mucho más peso al primer motivo, la economía, que ese es el motor de las ideologías. Hasta la propia religión puede ser explicada en términos de recursos, de estadio económico del territorio y de la mismísima Historia, sin desestimar su función civilizadora y de sucedáneo del Derecho y, no menos, la de armazón de la espiritualidad y la necesidad de transcendencia de los humanos. Coloquemos un corolario a la parrafada: "En el proceso independentista, el peso de la variable independiente -la economía- es un 60%, y el de la dependiente -la ideología- es del 40%".

Durante los años de Gobierno del PP, Montoro utilizó la financiación -la economía, los dineros, los recursos para hacer cosas- como válvula para meter en cintura a autonomías (con el Fondo de Liquidez Autonómica) y las corporaciones locales (con el llamado Pago a Proveedores como arma fundamental). El nuevo Ejecutivo socialista, como no puede ser de otra manera, también abre y cierra esa válvula para regular las relaciones dentro del complejo poliedro competencial español. Si bien su enfoque al usar este regulador es bien distinto: de entrada, ha anunciado que el déficit presupuestario va a incrementarse (en porcentaje del PIB, la forma estándar de medirlo). Esto huele a keynesiano, lo cual es muy de socialdemócrata, podríamos justificar: el mayor gasto público tiene un efecto multiplicador de la economía, podría uno aventurar como explicación de algo en principio indeseable, como es aumentar el déficit. Pero no es así en este caso. En este caso se está negociando con el independentismo. Para no tocar la Constitución, abrir la mano en los dineros es una opción que, cómo no iba a ser así, es muy valorada por el nacionalismo de alma económica. La jugada en ciernes es condonar a las autonomías parte de su deuda, de una forma no necesariamente proporcional, de manera que quienes más deban al Estado central, más beneficiados saldrán de la medida (una medida que -el cuadre es el cuadre- creará más déficit al Estado y da más cancha al gasto público autonçomico). El dato es concluyente, y con ello concluimos: la ministra Montero estudia reducir 4.500 millones de la comunidad autónoma más endeuda, Cataluña (e insistamos: se lo zampan los Presupuesto Generales). Un buen porcentaje de los 16.000 en que los economistas áulicos del procés valoran el robo anual español. Un tercio. Pesetas, y lo demás, barretinas.

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