Análisis

Joaquín Aurioles

Economía en modo elecciones

Si hay adelanto electoral en Andalucía, en unos meses podríamos estar ante la sexta investidura de presidente en poco más de 10 años (Chaves en abril de 2008, Griñán en 2009 y 2012 y Díaz en 2013 y 2015). En contextos políticos inestables las decisiones importantes, es decir, las grandes reformas y las medidas preventivas o con efectos a medio y largo plazo o las que exigen un cierto consenso, tienden a posponerse, con el consiguiente perjuicio para la economía. En España, sin ir más lejos, puede apreciarse como se aplazan cuestiones que hace unos meses eran urgentes, como la reforma de las pensiones, de la Constitución, de la legislación laboral o de la financiación autonómica, a sabiendas de que algunas se agravan con el tiempo y aumenta el coste de las soluciones.

Algunos partidos no tienen reparo en señalar a las elecciones andaluzas como campo de experimentación para el apretado calendario electoral del año que viene, en vez de como una cuestión sustantiva. Unas elecciones estratégicas, pero no por su trascendencia para los intereses de los andaluces, sino por las incógnitas que permitirá despejar y, entrando en el terreno de las conjeturas, porque ayudará a marcar territorio de cara a futuras mayorías a escala nacional y en otras zonas. Lo más probable, por tanto, es que el debate electoral en Andalucía esté fuertemente sesgado hacia la discusión de temas trascendentes de ámbito nacional.

Debemos esperar la visita de los líderes nacionales ofreciendo la versión actualizada de sus planes sobre cuestiones relativamente impropias del interés electoral inmediato en Andalucía, como el futuro de las pensiones, el del euro o la Unión Europea e incluso el auge de la intolerancia y los populismos radicales en Europa. Pero también tendremos, espero, el privilegio de acoger posicionamientos diáfanos sobre la financiación de las autonomías o la reforma de la Constitución, sobre todo porque la visión desde Andalucía de ambas cuestiones puede entrar en abierto conflicto con la perspectiva nacional en algunos partidos y en otras autonomías. Otros problemas de dimensión española, pero de particular trascendencia en Andalucía, son el paro, la inmigración y la corrupción, especialmente tras los últimos episodios de Faffe y la esperada resolución de los otros casos pendientes en tribunales.

El debate sobre cuestiones estrictamente andaluzas parece bastante más limitado y hasta repetitivo. Pocas cosas han cambiado desde el primer discurso de investidura de Susana Díaz, en septiembre de 2013. El esperado cambio de modelo productivo se limita a la mayor proyección exterior de la producción, obligada a buscar nuevos mercados tras el desplome de la demanda interna. La promesa de mayor transparencia y de reforma de la Administración Pública sigue a la espera de la creación de anunciado comité de expertos independientes, así como del inicio de la cruzada contra la corrupción. De especial interés será el debate sobre las ventajas del cambio o la continuidad. En su primer discurso de investidura, Susana Díaz citó a su predecesor, Griñán: sólo nuevos pilotos nos llevarán a nuevos horizontes. Es poco probable que vuelva a hacerlo.

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