Crónica Personal

Fin de curso político con el Gobierno en estado crítico

Panorama. Mucho tendrá que reflexionar este verano Sánchez para persuadir al votante del PSOE de que revalidará su puesto en La Moncloa en 2023 por más que venda una gestión brillante

Pedro Sánchez, antes de hacer su balance del curso el pasado viernes.

Pedro Sánchez, antes de hacer su balance del curso el pasado viernes. / Chema Moya / Efe

Llega agosto y se dispersan los políticos. Es el fin del curso, en esta ocasión con cifras preocupantes para los españoles y con un Gobierno debilitado, tenso, desprestigiado, que mira a Pedro Sánchez queriendo creer que lo que les transmite es cierto: que va a ganar las elecciones, que la culpa de todo es de la falta de sentido de Estado del PP, que en política un año y medio es tiempo suficiente para dar la vuelta a las encuestas... y que el semestre en el que ocupará la presidencia de turno europea, de junio a finales de diciembre, será fundamental para que los españoles lo vean como un estadista que se codea con los hombres y mujeres más importantes del mundo... y le votarán para que se mantenga en el Gobierno.

Sánchez pasará las vacaciones en Lanzarote y en Doñana, y en principio convocará Consejo de Ministros la última semana del mes. Alberto Núñez Feijóo también se irá con la familia a la ría de Vigo y ha convocado Comité de Dirección del PP los dos últimos lunes de agosto. Sánchez sigue diciendo que completará la legislatura, lo que significa que las elecciones se celebrarán a final de 2023, pero Feijóo ha dado instrucciones de que el partido debe estar preparado porque las elecciones puedan ser en cualquier momento, cuando Sánchez considere que es la ocasión más propicia. Y en mayo son las municipales y algunas autonómicas, y del resultado de las generales depende en gran parte lo que ocurra dentro de diez meses.

De hecho, Feijóo lleva semanas dedicando parte de su tiempo a viajar por España para poner el partido a punto e impartiendo instrucciones a líderes regionales y municipales para que tengan la maquinaria bien engrasada. Les pone como ejemplo Andalucía. Una buena gestión, a la que se suma una campaña inteligentemente diseñada, enfocada en abordar los problemas de los ciudadanos, ha dado un resultado mucho mejor del que se preveía, con una mayoría absoluta que ha roto esquemas: no han necesitado a Vox para gobernar... y el PSOE ha perdido su feudo más importante, lo que le hace más difícil conseguir un buen resultado nacional en las generales.

La Unión Europea ata en corto

El final de curso encuentra al PSOE con su credibilidad muy dañada, lo que recogen las encuestas; Sanchez tendrá que empeñarse mucho para transmitir credibilidad a los socialistas cuando les asegura que España va bien y él está en condiciones de ganar. Pone el acento en las grandes cifras y en su talla internacional, pero tras tres años de Gobierno la mayoría de españoles ya sufren las consecuencias de la política del día a día. Los datos de empleo, buenos, no ocultan que se trata de trabajo precario, que considera indefinidos a los fijos discontinuo y, además, las del último mes son estacionarias; un porcentaje alto finalizará en septiembre y octubre. Lo peor es la inflación, disparada. Más la subida inclemente de la luz, la incertidumbre sobre las pensiones y el temor a que el incremento de la fiscalidad y exigencias laborales obliguen a cierre de empresas.

El Gobierno pretende recaudar subiendo impuestos a bancos y energéticas, y dice que pondrá en marcha una legislación que impida que esa subida repercuta en los ciudadanos. Cuidado, porque la UE cuenta también con normativas que prohíben legislar en contra de los intereses de las empresas. Y aunque Sánchez no hace excesivo caso a Bruselas, puede exponerse a que le exijan corregir determinadas decisiones. A la UE no le gusta atar en corto, pero no duda en hacerlo si un país se desmanda excesivamente.

El Ejecutivo está en una situación delicada. Este año ha continuado el llamado asalto a las instituciones, tan a cara descubierta y sin complejos como nunca se había visto, al punto de que la UE ha dado varios avisos sobre la politización de las instancias judiciales, y le queda por ultimar el asalto al Tribunal Constitucional en una maniobra escandalosa en la que se utiliza al CGPJ a conveniencia. Todo con tal de que el TC falle a favor del Gobierno en determinados recursos: desde la ley catalana que recoge que no es obligatorio que el 25% de las clases se impartan en castellano, hasta el aborto o la cuestionada ley trans. Sin olvidar la sentencia condenatoria de los ERE, recurrida también al TC. Por no mencionar que a Sánchez, por su intención de indultar a los condenados, le convendría que tuviera el visto bueno de un TC el que quieren poner como presidente a Cándido Conde-Pumpido.

Un personaje no fiable

El balance que hizo el viernes Sánchez no coincide con el espíritu que se vive mayoritariamente en la calle. Su triunfalismo se circunscribe al sanchismo, que decrece a medida que pasan los meses. Coincide con el cambio en la dirección del PP. Los argumentos de Sánchez para convencer de que va a ganar las elecciones han encontrado un escollo: podían persuadir a los socialistas cuando la alternativa era Pablo Casado, pero las cosas han cambiado sensiblemente con Feijóo. Su efecto ha sido fundamental en las andaluzas y por mucho que Sánchez lo ningunee al punto de alardear de que no lee los documentos que le entrega, el incremento del voto al gallego es incuestionable. Lo ha reconocido el propio CIS de Tezanos.

Ifualmente se estanca Vox, se equivocó en Andalucía presentando de candidata a Macarena Olona, que acaba de dejar la política. El equipo de Santiago Abascal se ha ido de vacaciones con un encargo: pensar nombres para las candidaturas de mayo.

También en Ciudadanos toman medidas. Arrimadas no se da por vencida, o eso muestra. Ha intentado fichajes mediáticos para las municipales y autonómicas, pero no ha conseguido respuestas afirmativas. En el PP siguen diciendo que mantienen la mano tendida, pero Cs se resiste a cualquier tipo de acuerdo que pase por incorporarse a unas listas sin sus señas de identidad. Las perspectivas de futuro no son buenas. Como tampoco lo son para Podemos, aunque es peor la situación de Yolanda Díaz. Se confirma lo que decía Alfonso Guerra hace unas semanas, que es un bluf, como bien saben muchos gallegos. Su plataforma no acaba de concretarse y, lo peor, se ha convertido en carne de memes por la inconcreción de su discurso.

En verano, además de descanso, a los políticos les toca reflexionar. Y es Sánchez el que debe hacerlo con más empeño. Su triunfalismo ya no convence, sus medidas para superar la crisis económicas tampoco. Su talla internacional es perfectamente descriptible, con errores importantes como el cambio de posición respecto al Sahara y sus previsibles consecuencias. Y sobre el independentismo catalán no ha dado un solo paso sensato más allá de ceder a las exigencias de ERC. Por no mencionar que en el descrédito del presidente tiene mucho que ver la actitud mantenida ante socios de Gobierno, que producen un gran rechazo social.

Sánchez tendría que reflexionar en serio si pretende seguir siendo presidente. Mucho tendría que cambiar el próximo curso para hacer efectivas sus aspiraciones. Hoy, a pesar de que gana votaciones en el Congreso, que consigue colocar a sus afines en las instituciones y que será presidente de turno de la UE en último semestre de 2023, es un personaje no fiable.

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